Lejos de cohibirse, Lucía (nombre ficticio para preservar su identidad) corrió hacia los brazos de Yoy. Sabía que aparecería a lo largo de aquella tarde. Aguardaba impaciente frente a una pequeña portería instalada en el jardín. Llevaba días preparándose para ese momento. No había rostros desconocidos para la menor en el centro , conocía a cada uno de los adultos que la acompañaban a diario. Por eso supo que era él en cuanto lo vio atravesar la puerta de rejilla. Trepó por sus piernas y ambos se fundieron en un abrazo en el que confluyeron la urgencia de querer y el anhelo por sentirse querida. Rememora la escena Paloma, pareja de Yoy y madre acogedora de Lucía. Ocurrió un seis... Ver Más