Hace más de 500 años llegó a Andalucía un fruto que se convirtió en icono del paisaje mediterráneo. El higo chumbo fue uno de los primeros productos traídos del Nuevo Mundo en embarcaciones que llegaron a Cádiz, Sanlúcar o Sevilla allá por el siglo XVI. El “higo de las Indias” ha poblado desde entonces las lindes de las parcelas y los bordes de los caminos. Benítez, en mitad de la plantación de higos que tiene en Chicana.-JUAN CARLOS TOROPero más allá de decorar la escena rural andaluza, comerlo aporta beneficios para la salud. Ese fruto de la chumbera que se recogía de las carreteras es rico en fibra, mejora la digestión, controla el azúcar en sangre, es apto para diabéticos y, curiosamente, ayuda a mitigar los síntomas de la resaca. Paco Benítez, chiclanero de 63 años, ha cultivado cinco lanzadas en el terreno de su familia, en Chiclana, lo que equivale a en torno a 8.000 metros cuadrados.Este chiclanero apasionado del campo desde muy joven es el único de la provincia de Cádiz que posee un terreno tan extenso dedicado a esta especie de la familia del cactus. “Con 13 años me quité del colegio y me fui al campo a trabajar hasta que vine de la Mili. Con lo que el campo me dejaba no tenía ni para refresco y me tuve que ir a la construcción”, cuenta a lavozdelsur.es rodeado de higos chumbos plantados en la zona de El Marquesado.Un higo chumbo, en las manos de Paco Benítez.-JUAN CARLOS TOROPero sembrar y cuidar frutas y verduras siempre ha sido su pasión. Sobre todo la viña, a la que dedicaba horas de su tiempo libre los fines de semana. La tranquilidad de la que disfruta al aire libre no la cambia por nada. Ese silencio que solo se ve interrumpido por el cantar de los pájaros.Desde 2011, además de la viña, cuidaba una hilera de chumberas que servían para proteger a las vides del levante. Fue en 2022 cuando se atrevió a dedicarse de pleno a este fruto que afronta bien las sequías al no necesitar mucha agua. “Siempre lo había tenido en mente y hace cuatro años lo empecé. Como esperara a jubilarme, me iba a coger muy viejo”, comenta.Paco sembró parte de la tierra donde antaño crecían las cepas, que ya llevaba tiempo vacía. “Fui cogiendo horas de las que tenía antiguas, quitaba una hoja y la sembraba, y así”, explica. Llegó a formar dos filas de 100 metros, algo que, por entonces, “no tenía nadie, porque a lo mejor tenía una o dos tunas”. Actualmente, disfruta cultivando este gran terreno que agrupa los pocos higos chumbos visibles en la provincia gaditana. “Antes no se podía cultiva porque estaban por todos lados. Se cogían gratis. No valía cultivarlos porque nadie te los iba a comprar. Ahora que no hay, pues sí”, explica el chiclanero, que suele vender la producción a comerciantes de la plaza de abastos, a fruterías o a almacenes de frutas. Vista aérea de la plantación de higos chumbos de Benítez.-JUAN CARLOS TOROPaco Benítez, delante de chumberas.-JUAN CARLOS TOROPaco es de los pocos que logra combatir a la culpable de que los higos chumbos hayan desaparecido prácticamente del mapa. Desde 2015, esta fruta exótica de pulpa jugosa y con semillas comestibles ha sufrido un importante declive debido a las plagas de la cochinilla del carmín. Ese bicho del que se extrae el tinte natural para las barras de labios y que tantos quebraderos de cabeza da a Paco.“Si no existiera el bicho, no sería tanto, pero hay que estar fumigando y matándolo. Que no se te monte el bicho en lo alto, porque como se te monte, apaga y vámonos”, expresa el chiclanero, que ha visto como las chumberas iban extinguiéndose del entorno. Según explica, es una de las especies que más cuesta sacar adelante en la agricultura debido a la presencia de este parásito que actúa sigilosamente. “La chumbera se queda entera, pero por dentro el bicho la está matando y los frutos se echan a perder. Esa es la lucha”, dice mientras enseña los ejemplares.Detalle de una de las chumberas.-JUAN CARLOS TOROPaco entorna los ojos por la claridad del sol y recorre esa tierra que tanto trabajo le da. “Como me dice mi primo, esto no lo hace nadie”, dice. A esta escala y con tanto mimo, seguro que no. Sin embargo, en los últimos años, muchos agricultores se han subido al carro de esta fruta exótica dando lugar a un resurgir a pesar de la cochinilla del carmín. “Ya viene por detrás un montón de gente. Compran las hojas por ahí y las siembran. Yo en mi caso no tuve que comprar nada”, dice.