«Cuando se inauguró el AVE Madrid-Sevilla mis jefes de La Vanguardia me pidieron un reportaje sobre el desastre de los horarios y la baja ocupación. Pero no había retrasos y la ocupación era plena»

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José Bejarano nació hace 73 años en la localidad sevillana de Fuentes de Andalucía y emigró con 11 años a Barcelona, donde empezó a trabajar en una farmacia con sólo 12 años. Estudió Ciencias de la Información, se hizo periodista y regresó a Sevilla en 1983, donde durante 25 años ejerció como corresponsal de La Vanguardia, el periódico impreso más leído en Cataluña. Premio Andalucía de Periodismo y presidente de la ONG Periodistas Solidarios, acaba de recibir la Medalla de la Provincia de Sevilla. Actualmente se encuentra en Guinea-Bissáu, donde dirige un proyecto de cooperación internacional al desarrollo. -Fue durante 25 años corresponsal en Andalucía de La Vanguardia, el primer periódico de Cataluña. ¿Sus jefes tenían arraigados muchos tópicos de los andaluces sobre vagos y subsidiados? -Los mismos que tenía la población general, incluida la andaluza. Los andaluces hemos sido grandes propagadores de los tópicos que nos insultaban. ¿Lo seguimos haciendo? Sufrí los tópicos durante los 20 años que viví en Barcelona y peleé contra ellos a lo largo del tiempo en el que fui corresponsal de La Vanguardia en Andalucía. No fueron pocas las veces que tuve que darle la vuelta al enfoque que me proponían para un reportaje o una entrevista. Aunque, en honor a la verdad, tengo que añadir que finalmente aceptaban de buen grado la visión de Andalucía que les ofrecía. Les sorprendía, pero aceptaban mi trabajo y acababan agradeciéndolo. De otra forma no me hubiesen mantenido en nómina 25 años y acabé yéndome por decisión propia cuando empezó el deterioro de la profesión. -¿Me podría poner un ejemplo que recuerde de esa vuelta al enfoque de un reportaje? -Cuando se inauguró la línea del AVE Madrid Sevilla en 1992 me pidieron un reportaje sobre el desastre de los horarios y del grado de ocupación de las plazas. Me informé y les dije que eso no lo iba a hacer por la sencilla razón de que era mentira. No iba a contar lo contrario de lo que había visto con mis propios ojos Lo que conté fue que el AVE funcionaba correctamente y con una ocupación plena. -Ahora sí se podría hacer ese reportaje. Por los retrasos y averías... -Probablemente no se haya hecho un mantenimiento adecuado. En todo caso, no debemos olvidar que tenemos una de las mayores redes de alta velocidad del mundo. Más que criticar la alta velocidad, yo criticaría las deficiencias de las cercanías y las medias distancias. En esto Andalucía es un ejemplo de lo que no se puede tolerar. -Puso en marcha en 1984 la revista Salud entre todos. -Fue una revista de educación para la salud que trataba de atraer a los educadores hacia la prevención y a los sanitarios hacia la educación. Imprimíamos 80.000 ejemplares que iban a todos los centros escolares y sanitarios de Andalucía. La empezó a editar la dirección general de Salud Pública en tiempos de Pablo Recio como consejero. Aunque ahora parezca imposible, durante los 20 años en los que se publicó, nunca apareció en sus páginas ninguno de los consejeros ni los directores generales que ostentaron el cargo. Finalmente, en 2004, el equipo del consejero Francisco Vallejo le dio el cerrojazo porque no lograba controlarla como quería. -¿Controlarla en qué sentido? -En el sentido de que se convirtiera en un órgano de propaganda política a disposición del consejero. Mi respuesta era siempre que nosotros hacíamos una revista de educación para la salud. Para hacer otra cosa que no contaran conmigo. Borraron la partida parala revista del siguiente presupuesto de Salud Pública. -La profesión periodística se ha transformado mucho en la última década con la aparición de las redes sociales y esto ha afectado especialmente a los periódicos. Y el fenómeno de la polarización política también ha calado en el mundo del periodismo hasta el punto de que muchos hablan de «la muerte del periodismo», como titula Teodoro León Gross su libro. ¿Es usted más optimista? -El panorama es sombrío. Es cierto que vivimos un momento de transformación total, pero la necesidad de información fiable hará que el periodismo renazca de sus cenizas. Alguien tendrá que ponerle orden e interpretar el caos de información que impera en internet. Del imperio de la falsedad, del bulo y de la manipulación habrá que salir algún día y esa labor tendrá que hacerla el periodismo tarde o temprano. Pero para eso deberá abandonar las trincheras políticas, recuperar el rigor perdido y firmar un pacto de hierro con la sociedad a la que debe servir.