El “hobbit” de Flores parecía un cazador diminuto capaz de dominar el fuego, pero los huesos cuentan otra historia. Un nuevo estudio sugiere que sobrevivía con las sobras de los dragones de Komodo

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Un análisis tafonómico de restos hallados en la cueva de Liang Bua, en Indonesia, cuestiona dos ideas muy repetidas sobre Homo floresiensis: que cazaba grandes presas y que controlaba el fuego. La nueva lectura apunta a un escenario más extraño: los dragones de Komodo habrían accedido primero a los cadáveres de Stegodon, mientras los “hobbits” aprovechaban después los restos.