1968 se inscribió en la historia naval por una sucesión inédita de tragedias submarinas que golpeó simultáneamente a Estados Unidos, Francia, Israel y la Unión Soviética. Durante ese período de la Guerra Fría, estas potencias experimentaron la desaparición de sumergibles en circunstancias envueltas durante años en la incertidumbre, un fenómeno desconcertante en una etapa de relativa ausencia de conflictos armados abiertos.Tales siniestros ocurrieron en escenarios diversos, desde las aguas del Mediterráneo hasta el Atlántico Norte, arrebatando la vida a cientos de marineros. Con el transcurso del tiempo, todos los restos fueron finalmente localizados, aunque en ciertos casos fue preciso esperar décadas y contar con avances tecnológicos sustanciales para esclarecer los misterios.Índice El misterio de los naufragios simultáneos El caso soviético y la operación encubierta de la CIA Un fenómeno singular en años de pazEl misterio de los naufragios simultáneos El USS Scorpion a punto de sumergirseLa serie de tragedias comenzó en enero. Durante ese mes desaparecieron en el Mediterráneo dos sumergibles distintos: el israelí INS Dakar y el francés Minerve. Respecto al Dakar, su última posición comunicada llegó a las 18.10 horas, hora local, del 24 de enero de 1968, al norte de Creta. Luego guardó silencio radiofónico apenas unos minutos después de la medianoche del día posterior. Suscríbete a la newsletter de Andro4allLa suerte del sumergible israelí no se dilucidó hasta pasados más de 30 años, cuando una operación coordinada entre Estados Unidos e Israel logró localizar el pecio. Según esa investigación, se estableció que el Dakar había sobrepasado su límite de profundidad operativa, provocando así la muerte de sus 69 componentes de tripulación.Tres días después de la última transmisión del Dakar, el 27 de enero de 1968, el sumergible francés diésel-eléctrico Minerve se perdió en aguas del Mediterráneo durante un ejercicio de instrucción rutinario. Su descubrimiento tardó aún más en producirse. No fue hasta 2019 cuando drones sumergidos y sistemas avanzados de sonar batieron el naufragio a una profundidad de 7.000 pies, aproximadamente 28 millas al sur de Tolón, en Francia.Conforme al Instituto Naval estadounidense, el hundimiento del Minerve, junto al de su gemelo Eurydice, obligó a la Armada francesa a revisar tanto sus protocolos de seguridad como sus procedimientos de búsqueda y salvamento. Ese impacto institucional transformó la catástrofe en un hito transformador para la doctrina naval gala.La concatenación de naufragios no quedó circunscrita al Mediterráneo. El 21 de mayo, la Marina estadounidense registró la última comunicación del sumergible nuclear USS Scorpion, tras haber emergido a profundidad de periscopio para transmitir su situación, a una distancia de aproximadamente 250 millas al sur de las Azores, archipiélago portugués en el Atlántico Norte.Los restos del Scorpion fueron recuperados en octubre de ese mismo año. Una investigación efectuada al año subsecuente determinó que el sumergible, uno de los únicamente dos submarinos nucleares estadounidenses naufragados hasta entonces —el otro fue el USS Thresher—, también había descendido bajo su profundidad de aplastamiento. El pecio, junto a su reactor nuclear, permanece hoy en el fondo marino.El caso soviético y la operación encubierta de la CIAEl cuarto naufragio inscrito en esta cadena de desgracias fue el del sumergible soviético portamisiles balísticos K-129, cuya pérdida se ubica hacia finales de febrero de 1968. Su caso adquirió relevancia no tanto por los pormenores del hundimiento, ya que no es el único sumergible soviético en hundirse, como por la operación encubierta estadounidense organizada años después para recuperar parte de su estructura.Esa misión, denominada Project Azorian, fue ejecutada por la CIA mediante el buque Hughes Glomar Explorer, un navío construido específicamente para semejante empresa y presentado al público como nave de prospección minera en aguas profundas.Seis años después de que el USS Halibut localizase el pecio, el Hughes Glomar Explorer consiguió recuperarlo de forma parcial, en una acción que representó, conforme a esa versión, un logro importante para la inteligencia estadounidense respecto a las capacidades submarinas soviéticas.Un fenómeno singular en años de pazMás allá de cada siniestro en particular, el balance de aquel ejercicio dejó una marca profunda en la historia naval. La hostilidad del medio submarino, las restricciones tecnológicas de la época y la complejidad de las operaciones de búsqueda en grandes profundidades prolongaron durante lustros algunas de las incógnitas. No obstante, aquellas tragedias impulsaron a varias armadas a fortalecer sus protocolos de seguridad, reestructurar procedimientos operativos y potenciar sus sistemas de detección y auxilio.De esta forma, 1968 quedó inscrito en los anales de la navegación submarina como uno de los años más oscuros fuera de períodos de guerra. Fue una etapa en la que cuatro desapariciones consecutivas bajo las aguas pusieron al descubierto la fragilidad de una de las herramientas militares más avanzadas e impenetrables del siglo XX.