La psicología dicta sentencia: las personas que viven 100 años tienen este rasgo en común

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Vivir muchos años no depende solo de comer bien, moverse a diario o tener una vida social activa. Todo eso importa y mucho, pero la psicología empieza a señalar otro factor que suele pasar más desapercibido: la forma en la que una persona se enfrenta al mundo.Un nuevo estudio realizado en Cerdeña, una de las llamadas zonas azules del planeta, apunta a un rasgo bien específico entre las personas mayores que llegan a edades avanzadas con buena calidad de vida: la curiosidad.La curiosidad también puede influir en cómo envejecemosLa investigación que se llevó a cabo se centró en adultos de entre 71 y 101 años. Parte de ellos vivían en la zona azul de Cerdeña, una región conocida por su alta concentración de personas longevas, y el resto procedía de una comunidad cecana con condiciones culturales y sociales parecidas.Los investigadores querían comprobar si ciertos rasgos de personalidad estaban relacionados con el bienestar psicológico, la calidad de vida y los hábitos de ocio. Para ello analizaron los llamados cinco grandes rasgos de personalidad, los cuales son: apertura, responsabilidad, extroversión, amabilidad y neuroticismo.El resultado más llamativo no fue que los habitantes de la zona azul se sintieran mucho más sanos en términos generales. De hecho, no hubo ninguna diferencia en la calidad de vida relacionada con la salud. Lo que sí apareció con fuerza fue otro dato que llamó mucho la atención: quienes vivían en la zona azul mostraban niveles más altos de apertura a la experiencia.Dicho de forma simple, eran personas más curiosas, más dispuestas a aprender, a probar cosas nuevas y a mantener la mente activa. No se trata de viajar por el mundo ni de hacer grandes cambios a los 90 años. Puede ser algo tan cotidiano como seguir interesándose por una conversación, una afición, una lectura, una actividad manual o una rutina que obligue a pensar y a participar.El estudio también encontró que estas personas tenían mejores recursos para afrontar problemas, más competencia emocional y dedicaban más tiempo a actividades de ocio que estimulaban la mente o el cuerpo. Todo apunta a que la personalidad no alarga la vida por arte de magia, pero puede empujar a vivir de una forma más activa.No es una receta mágica para llegar a los 100 añosEs importante remarcar que, según lo informado por los propios investigadores, estos resultados no pueden tomarse como una fórmula infalible. El estudio no demuestra que ser curioso cause directamente una vida más larga. Lo que muestra es una asociación interesante entre ciertos rasgos psicológicos y formas de envejecer mejor.Una persona abierta a nuevas experiencias puede tener más facilidad para mantener hobbies, cultivar relaciones, adaptarse a cambios y buscar actividades que la mantengan implicada. Eso, a su vez, puede favorecer un envejecimiento más activo, junto a factores ya conocidos como una buena dieta, ejercicio regular o el entorno social.También han aparecido otros patrones. Las personas más responsables tendían a mostrar mayor satisfacción con la vida y mejores estrategias para manejar dificultades. En cambio, quienes puntuaban más alto en neuroticismo, un rasgo relacionado con la preocupación o la inestabilidad emocional, solían informar de peor calidad de vida.En definitiva, el estudio no invita a cambiar de personalidad para vivir más. Eso sería completamente absurdo. Pero sí nos pone en una obligación de mirar la longevidad desde un ángulo más amplio. Mantener la curiosidad, aprender algo nuevo, seguir haciendo planes y no desconectarse del mundo puede ser más importante de lo que parece.Al final, llegar a los 100 años no depende de un único rasgo ni de una sola costumbre. Pero este estudio deja una pista que todos deberíamos tomar: las personas que envejecen mejor no solo cuidan el cuerpo, también mantienen viva la mente.