Conor McGregor desafía la historia con su regreso a la UFC: los precedentes que explican qué puede pasar

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Cinco años son una eternidad en las artes marciales mixtas. Cuando Conor McGregor pisó el octágono de la UFC por última vez, Ilia Topuria o Dricus du Plessis eran apenas unas promesas, Alex Pereira ni siquiera había debutado en la promotora dirigida por Dana White y el peso ligero seguía girando alrededor de los nombres que habían marcado la última década. Desde entonces, la compañía ha cambiado de campeones, estrellas e incluso canal donde se retransmite en EEUU con la llegada de Paramount+. Lo único que permanece intacto es el magnetismo del irlandés, que regresa convencido de que el tiempo no ha podido con él. El problema es que la historia de la UFC rara vez concede ese privilegio. Regresar después de tantos años de inactividad casi nunca significa volver siendo el mismo. Solo unos pocos lo consiguieron y los precedentes que ayudan a poner luz en el desafío de McGregor son tres relatos completamente diferentes. El primero pertenece a George St-Pierre . En 2013, el canadiense abandonó el deporte tras defender en diez ocasiones el cinturón del peso welter siendo considerado el mejor peleador del planeta en ese momento. Cuatro años después, regresó directamente para disputar el cinturón del peso medio frente a Michael Bisping. Muchos interpretaron aquella decisión como una temeridad, pero terminó convirtiéndose en una obra maestra. 'Rush' (apodo de GSP) sometió al inglés en el tercer asalto, conquistó su segundo título mundial y volvió a marcharse sin dar opción de comprobar si el tiempo podía alcanzarle. A día de hoy sigue siendo el regreso perfecto. Jon Jones eligió un camino diferente. Su ausencia no fue una retirada romántica, sino una sucesión de problemas personales, sanciones y una transformación física para conquistar el peso pesado. Tres años después, reapareció como si nunca se hubiera ido. Necesitó poco más de dos minutos para someter a Ciryl Gane y demostrar que el talento puede sobrevivir a una larga pausa cuando existe una planificación milimétrica. Pero la UFC acostumbra a parecerse mucho más a la historia de Henry Cejudo . El campeón olímpico dejó el deporte como uno de los pocos luchadores capaces de lograr convertirse en doble campeón y regresó con el convencimiento de que únicamente le bastaría con recuperar el ritmo para volver a liderar. Sin embargo, descubrió que las artes marciales mixtas habían seguido avanzando sin él. Acumuló cuatro derrotas consecutivas antes de colgar por fin de nuevo las guantillas. Ahí reside la gran incógnita de Conor McGregor. No se enfrenta únicamente a su rival, Max Holloway, sino también a los cinco años que ha estado fuera y que no puede recuperar. Durante ese tiempo la UFC ha cambiado mucho. Por eso su regreso trasciende más allá de una simple pelea. Es un examen contra el reloj. St-Pierre demostró que la historia puede desafiarse. Jon Jones confirmó que el talento sobrevive cuando se prepara el regreso. Henry Cejudo recordó que el octágono no espera a nadie. Cinco años después, McGregor está a punto de descubrir cuál de las tres historias se asemejará a la suya.