El pasado 30 de abril el antiguo alumno de Altair Juan Carlos Rayo pronunció la conferencia principal de la ceremonia de Imposición de Becas de los alumnos de 2º de Bachillerato. Ingeniero aeronáutico de profesión, recordó a los egresados que «desde el primer día, cada alumno es visto por Altair como un proyecto con un potencial infinito, que se va descubriendo y desarrollando en cada etapa educativa». Con esta entrevista, conocemos más sobre su parcela personal y profesional ¿Qué sintió al volver a Altair para participar en un acto tan especial como la Imposición de Becas de una nueva promoción? Para mí fue todo un honor y un privilegio que el colegio pensara en mí para un acto tan especial como la graduación de Bachillerato, dándome la oportunidad de transmitir a los alumnos lo que para mí ha significado Altair en mi vida. Cuando miraba a los alumnos que estaban terminando Bachillerato, ¿se vio reflejado en ellos de alguna manera? Sin duda, hace 24 años era yo el que estaba sentado en esos mismos asientos, y me recordaba comenzando con ilusión y al mismo tiempo nervios la nueva etapa fuera del colegio. ¿Qué recuerdos de su etapa como alumno siguen estando más presentes en su vida hoy? Sin duda muchos momentos entrañables con mis compañeros de clase, con los que guardo enorme cariño a día de hoy, así como todos los consejos que me fueron formando como persona y profesional y que recibí de tan buenos profesores como tuve. ¿Hubo algún profesor o alguna experiencia en Altair que marcara especialmente su forma de entender el trabajo o la vida? Mi mayor referente y ejemplo en Altair ha sido siempre mi padre («don Juan Rayo»), que tanto como profesor, después como director y sobre todo como padre, me ha dado un ejemplo vivo de los valores que representa Altair. Desde que terminó el colegio hasta hoy, ¿qué valores aprendidos en Altair considera que más le han ayudado en su trayectoria personal y profesional? Constancia y perfección en el trabajo, cuidando los pequeños detalles y aspirando siempre a hacerlo lo mejor posible. La formación cristiana que recibí me ayuda a cuidar no sólo la parte humana y material de mi vida, sino también la espiritual, siendo Dios una parte fundamental en mi vida y la que le da sentido a todo. Muchas veces se habla de la «huella Altair». ¿Cómo definiría esa huella? Para mí esa huella, ese sello que nos hace diferentes, es la de ser buenos profesionales pero mejores personas, con los pies bien hundidos en el barro del día a día, pero con la mirada y el corazón puestos también en lo Alto. ¿Qué importancia han tenido la familia, los amigos y los compañeros de promoción en su camino después del colegio? Mi familia y amigos son mi refugio para todo, donde siempre puedo acudir para compartir las alegrías, las penas, los éxitos... y que sé que siempre permanecerán en mi vida. Y con mis compañeros de promoción, por más años que pasen, tendré siempre una conexión especial y duradera debido a los momentos tan inolvidables y entrañables que vivimos juntos, compartiendo además esa misma huella que Altair deja en sus alumnos. Si pudiera volver a sentarse un día en un aula de Altair siendo estudiante, ¿qué le diría a aquel Juan Carlos de entonces? Aprovecha cada instante, cada consejo, cada clase y cada paseo con el preceptor, que los años en Altair son únicos e irrepetibles, ¡y pasan volando! De ellos sacarás «gasolina premium» para toda la vida.