Rusia 2026: elecciones en tiempos de guerra

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En Rusia, el resultado de las elecciones generales de 2026 puede darse por descontado: Rusia Unida, el partido de Vladímir Putin, conservará su mayoría en la Duma Estatal. Actualmente controla 314 de los 450 escaños, una posición que le permite sostener el predominio institucional del Kremlin. Pero que el desenlace sea previsible no significa que el proceso sea irrelevante.Las elecciones rusas de 2026 no decidirán quién gobierna Rusia, sino cómo se reorganiza el régimen para prolongar su continuidad en condiciones de guerra.Las elecciones generales y regionales para la Asamblea Federal (compuesta por la Cámara Baja, la Duma Estatal y la Cámara Alta, denominada Consejo de la Federación que funciona como cámara de representación territorial) están previstas para los días 18, 19 y 20 de septiembre de 2026. Se elegirán 450 diputados para la Duma mediante un sistema mixto: una mitad por listas de partidos y la otra en circunscripciones uninominales. La votación también se celebrará en los territorios ucranianos ocupados, donde Moscú ha creado 11 circunscripciones específicas. Con ello, el Kremlin busca integrar formalmente esos territorios en el proceso político ruso y reforzar la narrativa de su incorporación institucional a la Federación Rusa.Los comicios de 2026 serán los primeros a la Duma Estatal desde la invasión de Ucrania. No son una competencia democrática abierta que sirva para la alternancia del poder político, sino un procedimiento político administrado para asegurar la permanencia del régimen. Sin embargo, incluso en un sistema electoral controlado, el periodo de campaña puede generar riesgos para el Kremlin: aumenta la exposición del régimen al descontento social acumulado y a posibles formas imprevistas de movilización pública. Probablemente por ello, el mismo Vladímir Putin ha decidido participar en la campaña electoral de las elecciones generales, cosa que nunca ha hecho hasta ahora.El contexto en el que comienza la campaña es más inestable que en ciclos electorales anteriores. Los ataques ucranianos con drones contra Moscú y otras regiones rusas se han intensificado y han alcanzado un número creciente de objetivos industriales y de infraestructura. A ello se suman la desaceleración económica y el endurecimiento de las restricciones al acceso a internet. La guerra tiene un efecto cada vez más visible sobre la vida cotidiana de la población rusa y erosiona el contrato social implícito entre la sociedad y el Kremlin: estabilidad económica a cambio de despolitización y de obediencia al régimen.Aunque Rusia cuenta con casi dos decenas de partidos registrados, sólo 12 podrán concurrir sin procedimientos adicionales de inscripción. Entre ellos figuran Rusia Unida, el Partido Comunista de la Federación Rusa, el Partido Liberal-Demócrata de Rusia (LDPR), Nueva Gente, Rusia Justa–Por la Verdad, Yabloko, los Verdes, Rodina, Plataforma Cívica, Comunistas de Rusia, el Partido de los Pensionistas y el Partido de la Democracia Directa. Más allá de las cinco formaciones actualmente representadas en la Duma, sólo el Partido de los Pensionistas y, en menor medida, los Verdes parecen tener alguna posibilidad de superar el umbral electoral del 5%. En 2021, el Partido de los Pensionistas obtuvo el 2,45% de los votos y los Verdes el 0,9%, aunque el primero logró resultados más favorables en algunas elecciones regionales de 2025. La posición dominante de Rusia Unida se apoya en una combinación de ventajas institucionales, procedimientos opacos de votación y recuento, y mecanismos adicionales de ingeniería electoral. Entre ellos destacan el rediseño de circunscripciones, la votación durante tres días y la expansión del voto electrónico remoto, que podría utilizarse en aproximadamente la mitad de las regiones del país.La lista de Rusia Unida estará encabezada por Dmitry Medvedev, expresidente de Rusia, jefe del partido y vicepresidente del Consejo de Seguridad. Desde la invasión de Ucrania, Medvedev se ha convertido en una de las voces más radicales y belicistas entre los políticos rusos. Junto a Medvedev aparecerán en los cinco primeros puestos Sergei Lavrov, Maryana Lysenko, Vladislav Golovin y Yevgeny Poddubny. Golovin participó en el asedio de Mariúpol y dirige el aparato central de Yunarmiya, el movimiento juvenil militarizado. Poddubny es corresponsal militar. La composición de esta lista no es sólo simbólica –el agradecimiento por el servicio a un veterano como Sergei Lavrov, el eterno ministro de Asuntos Exteriores, o el propio Medvedev–. También sirve como señal a las élites y a los votantes sobre el rumbo político del partido en 2026, que apunta a una mayor consolidación de una agenda conflictiva y militarizada.El acceso a la competencia electoral está severamente restringido. La oposición no sistémica ha sido prácticamente eliminada de la esfera pública y buena parte de sus dirigentes se encuentra en el exilio. En la Rusia actual no existe ningún partido político legal con capacidad real para canalizar el descontento público.Rasgos y riesgos de las elecciones rusasEl ciclo electoral de 2026 estará marcado por dos tensiones principales: la integración política de los veteranos de guerra en Ucrania y el aumento del conflicto intra-élite.La primera tensión procede del entorno militarizado y proguerra. Aunque sigue siendo mayoritariamente leal al Estado, este segmento utiliza cada vez más su apoyo a la guerra como base para criticar a las autoridades. Sus reproches se dirigen contra la corrupción, la burocracia, la gestión del frente interno, las decisiones de personal y la política migratoria. Desde la invasión a gran escala de Ucrania en 2022, el Kremlin ha temido el efecto político del regreso masivo de combatientes. El número potencial de veteranos se estima en unos 700.000, una cifra superior a la de los veteranos soviéticos de Afganistán. Aunque las autoridades confían en controlar los riesgos sociales mediante el aparato policial, consideran más peligroso que los veteranos puedan articularse como un bloque político con autoridad moral, experiencia militar y resentimiento hacia las élites existentes. Para evitarlo, el Kremlin ha impulsado una estrategia de absorción institucional. Rusia Unida planea incorporar en sus listas a los veteranos de guerra contra Ucrania. Esta estrategia se enmarca en el discurso del Kremlin sobre una “nueva élite” formada por personas con experiencia de guerra, presentadas oficialmente como futura clase dirigente. Para apoyar este proceso se han creado programas como Время героев (“Tiempo de héroes”) que ofrecen educación, reciclaje profesional y promoción de veteranos dentro de organismos gubernamentales y estructuras partidarias. El objetivo es incorporarlos al sistema antes de que puedan convertirse en una fuerza autónoma o radicalizada. Pero la brecha entre reconocimiento formal y poder real puede mantener la frustración del entorno militarizado e incluso alimentar su radicalización.La segunda tensión es intraélite. La campaña se desarrolla en medio de una pugna creciente entre la Administración Presidencial, dirigida en materia de política interna por Serguéi Kiriyenko, y el Servicio Federal de Seguridad (FSB). En el periodo previo a las elecciones, el Kremlin intentó moderar los planes más radicales de los servicios de seguridad para ampliar el control sobre internet en la primavera de 2026. Sin embargo, el FSB obtuvo una libertad de acción sin precedentes y siguió imponiendo restricciones, lo que provocó críticas públicas.El desplazamiento del equilibrio de poder a favor de los servicios de seguridad va mucho más allá de internet. La presión sobre grandes empresas y la incautación de activos de algunos de los empresarios más ricos de Rusia –entre ellos Vadim Moshkovich, Dmitri Kamenshchik y Konstantin Strukov– muestran la creciente influencia del aparato coercitivo. La detención del empresario de San Petersburgo Ilya Traber, vinculado al entorno en el que se formó parte del “equipo de Putin” en los años 90 y con intereses en puertos clave del Báltico, subraya que ya no quedan figuras plenamente intocables dentro de la élite rusa.La combinación de competencia entre clanes burocráticos y de seguridad, censura estricta, ataques contra la retaguardia rusa y creciente importancia de la próxima Duma puede intensificar el conflicto intraélite durante la campaña. Aunque el resultado electoral esté controlado, la gestión del proceso puede revelar tensiones internas relevantes en la nueva fase del régimen de Putin.¿Cómo influye la guerra en Ucrania en las elecciones generales rusas de 2026?La guerra en Ucrania ya influye en la preparación de las elecciones generales rusas de 2026 de varias maneras. Afecta a la propaganda oficial, a la selección de candidatos, al papel político de los veteranos, al grado de represión y al tipo de legitimidad que el Kremlin intenta conseguir incluyendo a los veteranos de la guerra en las listas de Rusia Unida. El Kremlin está presentando las elecciones como un plebiscito de lealtad: votar por Rusia Unida o por candidatos oficialistas equivale a apoyar al Estado, al ejército y a la “defensa” frente a Occidente. La guerra no se presenta como una elección del Kremlin, sino como una lucha defensiva. Esa narrativa reduce el espacio para una oposición legítima: criticar la guerra puede ser presentado como traición, deslealtad o apoyo al enemigo.La guerra permite al régimen militarizar parcialmente la política. La inclusión de veteranos en las listas de Rusia Unida y en otros espacios institucionales cumple una función simbólica y preventiva. Por un lado, el Kremlin eleva la figura del combatiente como ejemplo de patriotismo, disciplina y servicio al Estado. Por otro, intenta absorber dentro de canales controlados una energía nacionalista que podría volverse peligrosa si quedara fuera del sistema. La integración de veteranos no supone una apertura real del régimen, sino una forma de neutralizar posibles focos autónomos de autoridad moral, experiencia militar y resentimiento hacia las élites existentes.La guerra puede producir desgaste social, aunque no necesariamente una movilización electoral contra Vladímir Putin. Las bajas militares, la inflación, las sanciones, los ataques ucranianos dentro de Rusia, los problemas de abastecimiento y el cansancio psicológico pueden reducir el entusiasmo popular. Sin embargo, la sociedad rusa sigue en gran medida políticamente desmovilizada. La represión, la censura, la emigración de opositores y la falta de organizaciones independientes dificultan que el malestar se convierta en acción colectiva. Por eso, como hasta ahora, el descontento puede expresarse más como apatía, abstención, voto controlado o apoyo pasivo que como un desafío abierto al régimen.El efecto de la guerra en el régimen dependerá menos del resultado militar inmediato que de la capacidad del Estado ruso para conservar los pilares internos del sistema: financiación suficiente, élites dependientes, aparato coercitivo cohesionado y sociedad desmovilizada. Mientras esas condiciones se mantengan, la guerra puede desgastar al régimen, pero no necesariamente traducirse en una derrota electoral real.Las elecciones rusas de 2026 no decidirán quién gobierna Rusia, sino cómo se reorganiza el régimen para prolongar su continuidad en condiciones de guerra. La guerra en Ucrania influirá en la campaña, en el lenguaje político, en la composición de las listas electorales y en el nivel de represión. Pero sólo se volvería electoralmente peligrosa para Putin si debilitara simultáneamente los principales pilares del régimen: los recursos financieros, la lealtad de las élites, la cohesión del aparato coercitivo y la desmovilización social. Mientras estos elementos sigan funcionando, las elecciones servirán más para reforzar el control del Kremlin que para cuestionarlo.Autor: Mira Milosevich-JuaristiLa entrada Rusia 2026: elecciones en tiempos de guerra se publicó primero en Real Instituto Elcano.