Elegía al piano de Federico González Sosa

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Me entero estupefacto, y rodeado de pianos desguazados, de que este instrumento, tradicionalmente presente en los hogares burgueses, ha terminado por desaparecer de ellos a causa de la generalización sostenida de los artefactos reproductores de música… Sería este triste desenlace el eje poético de la instalación sonora que presenta Federico González Sosa (México, 1993, radicado en París) en la galería Río&Mreñaka , compuesta por una docena de tablas armónicas de pianos desechados: la instalación, escribe Clement Caballero, «adopta la forma de una operación a corazón abierto». El otro asunto es el de la simpatía: González Sosa, pianista de formación y trabaja desde hace años con instalaciones sonoras, ha compuesto una pieza que se escucha gracias al extraordinario poder de resonancia de la madera de la tabla armónica. Algunas de estas estructuras, en efecto, se proveen de unos transductores y la madera y las cuerdas vibran provocando por simpatía la resonancia de las tablas próximas. Se trataría, en esta bella y triste pieza de arte sonoro, de una metáfora del poder de las ondas sonoras para poner en sintonía a los humanos.