Cientos de desplazados por el incendio de Los Gallardos aguardan noticias en el polideportivo de Garrucha, una población que se ha volcado en ayudar a las víctimas del mayor desastre forestal del siglo XXI en España: "Duele verlos aquí, pero se les atiende con todo el cariño"Al menos 12 muertos en el incendio de Los Gallardos en Almería Una psicóloga de Cruz Roja acompaña a Ingrid, nonagenaria de Karlsruhe, hasta la puerta del polideportivo Vista Alegre de Garrucha a encontrarse con Jochen, su marido, quien acaba de llegar a este pabellón desde el hospital donde se encontraba recibiendo un tratamiento de diálisis. La anciana parece aliviada al verle finalmente en el complejo deportivo tras haber sido desalojada de su casa en el municipio almeriense de Bédar por el incendio forestal de Los Gallardos, que se ha cobrado la vida de 12 personas. Esther, técnico de Cruz Roja, les pide la documentación con dificultad, ya que la pareja no habla ni español ni inglés, y les conduce hasta un vehículo que les llevará a un hotel de Mojácar para pasar la noche. “Esta noche han dormido aquí unas 80 personas, de las que quedaban 50 a mediodía. Después han llegado unos 200 en autobús desde la pedanía de Alfaix. Toda la tarde ha seguido llegando gente”, apunta la trabajadora social mientras señala a dos mujeres extranjeras que se acaban de sentar en las mesas de registro que han habilitado en la entrada del edificio. Lo corrobora Vicente López, concejal de Seguridad y Urbanismo de Garrucha: “El momento más crítico ha sido cuando a mediodía nos han dicho que venían unas 350 personas más, pero el pueblo se ha volcado. Hay unos 100 voluntarios que han traído agua, comida, hielo. También tenemos preparado el centro cultural del pueblo, donde podríamos alojar a unas 400 personas más”. “Sospechamos que pueda haber más personas fallecidas en sus casas a causa del humo. En aquella zona hay muchos extranjeros mayores que viven solos en cortijos”, señala una fuente policial. Hay 23 personas que aún no han sido localizadas tras el peor incendio que se conoce en Andalucía. Jochen e Ingrid, de Karlsruhe, muestran su documentación en la puerta del polideportivo Vista Alegra de Garrucha para ser trasladados a un hotel En la puerta del polideportivo, situado a las afueras de Garrucha, una fila de voluntarios saca las cubetas de un tráiler frigorífico gigante de una empresa de pescado del municipio que hará de nevera del centro deportivo, al tiempo que otros se dedican a apilar cajas con botellas de agua. A Juana, limpiadora del complejo deportivo se le acababa el turno a las 12 del mediodía, pero continúa limpiando el baño y la ducha toda la tarde cada veinte minutos para mantener la higiene. “Hemos estado ayudando a hacer los bocadillos y dando agua a la gente. Si fuera al revés también querría yo que me ayudasen”, apunta. Nina espera sentada Nina, de Edimburgo, espera sentada la llegada de un vehículo que la lleve a un hotel. Esta anciana de 85 años es una de las pocas personas en el edificio que lleva consigo un bolso grande con algo de ropa; la mayoría ha llegado con lo puesto. “No he podido pegar ojo en toda la noche. Desde El Campico, una pedanía de Bédar, veíamos de lejos el fuego, aunque este mediodía han llamado a la puerta y me han traído aquí. Pude llevar a mis dos perros en una perrera en Vera; estoy muy contenta de que están a salvo porque en el hotel no me habrían dejado quedarme con ellos. No sé qué pasará con mi casa, venía una nube de humo negro a mi casa. Todo depende del viento y de Dios, por supuesto”. Voluntarios colocan cajas de agua en el exterior del polideportivo Vista Alegre de Garrucha Mary (87 años) y Maureen (88), de Londres y Cheshire, viven cada una ellas en un bungaló en el camping de Los Gallardos desde hace más de una década. A las 17 horas del jueves fueron evacuadas “con urgencia” por la policía y han pasado la noche en el centro deportivo de Garrucha. “Fue un caos, nadie sabía lo que estaba haciendo”, apunta Mary sobre el momento de la evacuación. “Fuimos al teatro de Los Gallardos en nuestro coche y luego vinimos aquí. Ella durmió en una camilla, pero yo lo hice en una silla”. “Mucha gente nos ha preguntado si estamos bien”, dice Maureen, a lo que Mary responde: “Solo tenemos que ser pacientes, es la edad. El tiempo pasa rápido”. Voluntarios de Cruz Roja toman los datos de las personas desplazadas por el incendio de Los Gallardos (Almería) hasta el polideportivo Vista Alegre de Garrucha “En esta parte del incendio a Garrucha le ha tocado hacer la parte más fácil. Lo que más duele es lo que están pasando en Los Gallardos, Bédar y parte de Antas”, dice el alcalde de Garrucha, Álvaro Ramos. “Tenemos intérpretes, psicólogos, así que las personas que están aquí desplazadas están bien asistidas. Algunos duele verlos aquí, pero se les atiende con todo el cariño del mundo. Solo hemos tenido algún desvanecimiento por el calor y hemos tomado nota de la medicación que cada uno tiene”, apunta el primer edil de Con Andalucía (IU), quien se encuentra al frente del municipio durante un año tras alcanzar un pacto de gobierno con PP y Vox. “Se quema una parte de mí” Ramos es agente forestal: “He llevado esa sierra durante diez años. Se quema una parte de mí. Estaba viendo las llamas y sabía por dónde iba y qué casas estaba afectando”, apunta entre lágrimas. “Las veces que he ido al centro de mando en Turre me han dicho que la cosa está fea. Se va a echar la noche y cuando se echa la noche ya no puedes trabajar con medios aéreos y los que apagan el fuego son los medios aéreos. Aquí lo más importante, en mi opinión, es que no toque más núcleos urbanos”. Exterior del polideportivo Vista Alegre de Garrucha En un resort cerca de Los Gallardos se encontraban de vacaciones Tom y Lauren, de 25 años. Subieron sobre las 10 de la noche al punto más alto que encontraron y vieron unas inmensas “llamas naranjas” y, aunque no fueron desalojados en el momento, prepararon una pequeña mochila por si tenían que marcharse. A las once de la mañana de este viernes, el director del resort les advirtió de que era el momento de irse. “Estamos un poco aburridos, pero los voluntarios se han portado fenomenal con todos nosotros”. El domingo por la mañana vuelven al Reino Unido, pero aseguran que esta experiencia no les impedirá pronto a España. Uriel y X junto con sus perros en el polideportivo Vista Alegre de Garrucha Uriel y Mariana, con 18 años, son de los pocos que permanecen por la tarde en el interior del pabellón junto con sus perras. Ambos se encontraban de visita en casa de su abuela en Bédar desde finales de junio. Volvían a casa cuando llegaron a tiempo de coger las dos perras y escapar por Lubrín. “Había muchísimo humo y casi no podíamos ni respirar”, señala Uriel. Pudieron pasar la noche en Mojácar en casa de una amiga de su abuela, quien se muestra muy preocupada por la situación de su hogar. “No nos dio tiempo a coger nada. Allí se quedaron nuestras gallinas, tortugas y gatos. No sabemos cuándo podremos subir, cómo está la casa y nuestras cosas”. El trasiego de voluntarios, trabajadores de Cruz Roja y desplazados no cesa. Se preparan para una nueva noche de incertidumbre y tristeza.