Siempre me gusta repetir aquello de que el Tour es como una caja de bombones en la que nunca sabes lo que te puedes encontrar, en alusión a la famosa película Forrest Gump’. Un día te puedes acostar frente a tu eventual vivienda de una noche en un pueblo pirenaico y amanecer como si estuvieras en un campo de concentración; donde, en vez de estar rodeado de alambradas, apareces en el interior de una jaula de vallas; todo cerrado, sin escapatoria, a no ser una pequeña puerta que te conduce hacia la libertad y si quieres lejos del Tour. No es bueno dormir a 400 metros de la meta en una pequeña localidad donde la Grande Boucle es imposible que pase desapercibida. Han colgado el letrero de todo cerrado por la carrera. Seguir leyendo....