Morir matando la democracia

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Hubo un tiempo no muy lejano en que las sociedades occidentales, sobre todo las europeas, parecían haber llegado a un consenso fundamental. Independientemente de que los partidos políticos fueran de izquierda o de derecha, y sin importar que persiguieran intereses particulares para una clase o una comunidad, todos aceptaban con agrado o a regañadientes, daba igual, el conjunto de reglas y valores de la democracia liberal. Se cumplía la sentencia de Ludwig von Mises, para quien un partido liberal era una redundancia, casi como defender el agua para los peces. Excepto las posturas totalitarias o reaccionarias, todas las fuerzas políticas de la modernidad compartían principios liberales o republicanos que permitían la cooperación social y la competencia civilizada. Un consenso previo... Ver Más