Durante décadas, dos lugares separados por miles de kilómetros y desarrollados en contextos completamente distintos parecían no tener absolutamente nada en común. Sin embargo, una innovadora investigación acaba de revelar un vínculo inesperado que desafía algunas de las ideas más aceptadas sobre la evolución de las ciudades antiguas. El descubrimiento no solo obliga a mirar con otros ojos el pasado, sino que también podría cambiar la forma en que la arqueología interpreta la organización de las grandes civilizaciones.