Rusia lleva meses presentando el Oreshnik como una de las armas más peligrosas de su arsenal. Sin embargo, varios analistas sostienen que su mayor impacto no está donde cae el misil, sino en lo que ocurre antes de que llegue al objetivo.Los ataques con drones ucranianos sobre aeródromos, fábricas e instalaciones militares dentro de Rusia han obligado al Kremlin a tomar decisiones. Según recoge Forbes, Moscú ha empezado a dar mucho más protagonismo al Oreshnik justo cuando la guerra también empieza a dejar heridas dentro de sus propias fronteras.Lo curioso es que el misil no parece especialmente eficaz Sobre el papel, el Oreshnik asusta. Puede llevar una carga convencional o una nuclear, algo que basta para que cualquier lanzamiento se siga con máxima atención. Rusia ya lo ha utilizado al menos tres veces desde su introducción, incluida una ofensiva lanzada en mayo contra la región de Kiev.Lo llamativo es que, cuando se mira lo que ha conseguido sobre el terreno, el panorama cambia bastante. La propia fuente señala que el misil todavía no ha demostrado una eficacia comparable en ataques convencionales, mientras que una firma especializada lo describe como un sistema caro, con problemas de precisión y poco probable que cambie la situación en el frente.Steven Moore, fundador de Ukraine Freedom Project, resumía esa idea de forma bastante gráfica. "El Oreshnik ha mostrado poco valor militar", afirmaba, aunque añadía que lanzar un misil con capacidad nuclear sobre Ucrania "pone los pelos de punta" a los planificadores militares occidentales.Y ahí está la diferencia: el misil empieza a hacer su trabajo mucho antes del impacto. Cada lanzamiento obliga a decidir en muy poco tiempo si se trata de un ataque convencional o de algo mucho más grave. Y cuando hablamos de un arma con capacidad nuclear, equivocarse no es precisamente una opción.El blanco parece estar mucho más lejos de Ucrania Por eso, algunos analistas creen que el verdadero destinatario del Oreshnik no está en el frente. Según se recoge, los analistas sostienen que el objetivo del misil sería influir en las decisiones de los gobiernos occidentales mucho más que modificar el curso de la guerra sobre el terreno.Eso también ayuda a entender por qué el Kremlin insiste tanto en él. Los drones ucranianos han conseguido llevar la guerra al interior de Rusia, y esa imagen resulta mucho más difícil de controlar. Convertir el Oreshnik en símbolo de fuerza permite responder también en el terreno de la percepción, igual que Moscú ha hecho con otros proyectos como Skyfall, el misil de propulsión nuclear ruso o Poseidón, el torpedo nuclear de gran alcance.Eso no significa que el Oreshnik sea irrelevante. Significa que su principal utilidad podría no estar en destruir más que otros misiles, sino en obligar a que cada lanzamiento se trate como si pudiera desencadenar una escalada mucho mayor. A veces, sembrar la duda resulta casi tan útil como alcanzar el objetivo.