Atrapados por el fuego: guía de supervivencia por si nos sorprende un incendio forestal en la carretera

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Con la llegada de las severas olas de calor estivales y una masa forestal inusualmente densa —alimentada por las lluvias de la pasada primavera—, los incendios forestales vuelven a convertirse en los tristes protagonistas de los informativos. A pesar de que la tecnología actual nos permite monitorizar los focos activos casi en tiempo real a través de aplicaciones móviles y redes sociales, las dinámicas de un fuego forestal descontrolado son impredecibles. Ningún conductor está completamente libre de encontrarse, de forma súbita y por sorpresa, con una situación de emergencia mientras circula por la red vial. Ante este escenario extremadamente peligroso los expertos de Alquiber han recopilado un protocolo de actuación con pautas fundamentales. Estas recomendaciones, alineadas con los criterios de la Dirección General de Tráfico (DGT) , Protección Civil y los cuerpos de bomberos, tienen la prioridad absoluta de mantener la visibilidad en todo momento y evitar quedar atrapados en una ratonera mortal. La primera reacción de muchos conductores al ver una columna de humo en la carretera es intentar acelerar para rebasarla lo antes posible. Sin embargo, los especialistas advierten de que nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe intentar atravesar una cortina de fuego o de humo denso, por muy estrecha o rápida de cruzar que pueda parecer a simple vista. El humo denso no solo desorienta de inmediato y anula por completo la visibilidad, lo que propicia colisiones múltiples en cadena con otros vehículos invisibles en la vía, sino que esconde un peligro mecánico crítico ya que el motor de cualquier vehículo de combustión necesita oxígeno para funcionar. Al adentrarse en una zona saturada por el humo y los gases, el motor puede ahogarse por falta de oxígeno, dejando el coche completamente calado e inutilizado en mitad de las llamas. Si se divisa humo en el horizonte o a lo lejos durante el trayecto, el protocolo de seguridad debe activarse de manera inmediata. Lo primero es controlar los faros y la velocidad. Se deben encender las luces de cruce y los faros antiniebla para ser vistos por los vehículos que circulan detrás, reduciendo la velocidad paulatinamente para evitar frenazos bruscos. Si la maniobra es completamente segura y el tráfico lo permite, la mejor opción siempre será realizar un cambio de sentido y dar la vuelta para alejarse del peligro. Asimismo, es un error habitual dar por sentado que alguien ya ha dado la voz de alarma. Los expertos recomiendan llamar sin dudarlo al teléfono de emergencias 112, facilitando datos precisos de la ubicación, como el nombre de la carretera y el punto kilométrico exacto. Para optimizar este proceso, se aconseja tener descargada en el dispositivo móvil la aplicación oficial My112, la cual transmite de forma automática las coordenadas GPS exactas a los servicios de rescate; una funcionalidad que resulta vital si se transita por carreteras secundarias, rodeados de humo y con una alta desorientación. En la peor de las situaciones, donde dar la vuelta es imposible porque el fuego ya corta el paso o el tráfico está colapsado, es imperativo detener el vehículo del modo más seguro. La elección del lugar donde estacionar es crucial. Se debe buscar una zona «limpia» y asfaltada, como un arcén ancho, una explanada o una zona libre de vegetación. Jamás se debe aparcar sobre hierba seca, maleza o matorrales, dado que las altísimas temperaturas del tubo de escape y los bajos del coche pueden prender la vegetación seca instantáneamente bajo el vehículo. Una vez detenido el coche, la regla general es que hay que quedarse dentro del vehículo a menos que las fuerzas de seguridad indiquen lo contrario o que el coche comience a arder de forma directa. Hasta que llegue ese momento extremo, la carrocería de metal y los cristales texturizados constituyen el mejor escudo protector contra la radiación térmica extrema del exterior. Con el vehículo detenido en una zona segura, el siguiente paso consiste en sellar y aislar el habitáculo frente al exterior. Es necesario cerrar herméticamente todas las ventanillas, bloquear las entradas de aire exterior y conectar el sistema de climatización exclusivamente en el modo de «recirculación». De este modo se impide que los gases tóxicos y el monóxido de carbono penetren en el interior del habitáculo. A continuación, se debe apagar el motor para evitar que aspire aire contaminado, pero manteniendo siempre el contacto eléctrico activado y las luces de emergencia y posición encendidas. Esto garantizará que, a pesar de la densidad del humo, los equipos de rescate y los bomberos puedan localizar la posición del coche con mayor facilidad. Si se llega al escenario más crítico imaginable —el fuego rodea por completo el coche y la estructura del vehículo empieza a verse afectada por las llamas de forma directa—, se debe proceder a la evacuación inmediata. Al salir, es vital correr en dirección opuesta al avance del incendio forestal. Para identificar la trayectoria correcta, basta con observar hacia dónde empuja el viento el humo y elegir estrictamente el sentido contrario. Durante la huida a pie, se debe proteger el cuerpo cubriendo al máximo la piel para evitar quemaduras por radiación, tapando la boca y la nariz con una prenda de ropa o un paño (a ser posible, humedecido con agua). Si el terreno es adverso y no se visualiza una zona limpia, la recomendación de los bomberos es dirigirse hacia áreas que ya hayan sido quemadas anteriormente. Aunque el suelo de estas superficies estará extremadamente caliente, ya no albergará llamas directas ni combustible disponible, convirtiéndose en el lugar más seguro para salvaguardar la vida.