Marruecos vuelve a encontrarse con Francia en el mundial cuatro años después de la semifinal en Catar que frenó el sueño de los Leones del Atlas. En 2026, ambas selecciones se citan de nuevo en una eliminatoria mundialista, esta vez en los cuartos de final que se disputarán este jueves 9 de julio, a las 22:00 horas en España, las 16:00 en la costa Este de Estados Unidos, en el Boston Stadium (Gillette Stadium de Foxborough) de Massachusetts. No es un cruce cualquiera para Marruecos. En 2022, el combinado había hecho historia eliminando a España en octavos y a Portugal en cuartos, hasta convertirse en la primera selección africana en alcanzar unas semifinales de la Copa del Mundo. Francia, entonces vigente campeona, puso fin a aquella aventura con un 2-0 en Al Bayt, donde fue el primer enfrentamiento mundialista en rondas finales entre ambas selecciones. Ahora llega el segundo, otra vez, en una ronda decisiva. El ganador de esta eliminatoria accederá a semifinales y esperará al rival del partido que se disputará entre España y Bélgica el viernes en Los Ángeles. Es decir, Marruecos podría volver a cruzar su camino con España, como ya ocurrió en Catar, aunque antes tiene que superar de nuevo, el muro francés. Y Francia, por su parte, se encuentra con una selección que mucho ha cambiado desde 2022 y que ya no es una sorpresa sino una realidad competitiva. La narrativa del partido tiene muchas capas, pero este es el partido de diáspora por excelencia, tanto a nivel de Francia como de Marruecos. Este último, dejó un dato histórico en el primer partido del mundial, donde en un momento del encuentro alineó once jugadores que no habían nacido en el país de la selección que representaban. En ese disperso mapa de nacimientos aparece un nombre con una historia muy cercana para el fútbol catalán, Ayoube Amaimouni-Echghouyab (Vic, 21 años). Su historia y sus comienzos en el fútbol los cuenta Jaume Codina, entrenador de Ayoube en el fútbol base del Voltregá, que recuerda como un equipo que venía de Manlleu y cuya prioridad era mantener unido a un grupo de amigos. El entrenador catalán, antes de entrenar a Ayoube, sabía y había conocido de cerca lo que era convivir con futbolistas que han llegado a la élite del fútbol español como Josep Maria Sala Boix, con quien compartió vestuario. En este caso, él llegó más tarde que el resto. «Al cabo de 15 días aparece uno de los que hacía de entrenador en este grupo y dice: 'Oye, Jaume, hay un chico nuevo que quiere venir, que viene con su padre' y cuando vienen veo un chico pequeñito con su padre. El padre preguntó por las condiciones para jugar, por la cuota y por el funcionamiento del club». Lo que vino después, en el primer entrenamiento, donde Codina no estuvo presente, llamó la atención del técnico que puso a Jaume sobre la pista: «El que ha venido es muy bueno, tiene una zurda…». Al siguiente entrenamiento fue a verlo, y lo que más le llamó la atención fue ver cómo corría «era pequeñito, delgado, pero se le veían unas piernas musculadas para ser un niño y potentes». Codina bromea con aquella pierna derecha que tenía, «la pierna derecha, como la mayoría de los zurdos, para apoyarse y poca cosa más». Por eso Jaume insistía en los entrenamientos, «yo era el pesado de turno y le decía: 'Ayoube, ahora hemos de acabar con centro con la pierna derecha; ahora tienes que darme el pase con la derecha'». Aquel equipo fue creciendo, y en benjamín llegaron a ser campeones de la comarca de Osona. En ese grupo había dos nombres que destacaban por encima del resto, estos eran Nana y Ayoube . «Nana, era el clásico delantero, que corría a una velocidad brutal y chutaba con una potencia bestial», mientras «Ayoube, era más técnico, más refinado, y metía muchos goles». Por otro lado, Josep Vila , padre de uno de los compañeros y una de las personas que más trató al internacional marroquí fuera del club, conserva otros recuerdos más personales de esa misma etapa, y es que durante el verano, Ayoube fue casi uno más en su casa, en los torneos de verano y en las excursiones, hasta la época de cadetes. Recuerda una anécdota en Taradell, donde una final acabó 9-8, y Josep recuerda «ganamos 9-8 y Ayoube hizo los nueve goles». También recuerda una temporada en la que el equipo estuvo cerca de bajar de categoría y, aun así, terminó como máximo goleador de la liga. Las dos voces coinciden en que, Ayoube, era distinto por carácter humano, lo recuerdan como un niño humilde, educado y poco dado a la queja. Cuando siendo el mejor recibía patadas «no se quejó ni un día de nada ni de nadie». La conclusión sobre él, es que era «un buen chico de verdad». La etapa catalana terminó cuando el padre perdió el trabajo y buscó una salida en Alemania, donde según cuenta Jaume, el padre le dijo que «me aseguran trabajo para mí y mi mujer, una vivienda y nos vamos a vivir allí porque aquí no tenemos trabajo». En la despedida, Jaume le dio un consejo al padre «cuando llegues allí, mira a ver si encontráis algún equipo de fútbol donde pueda jugar, porque al chaval le gusta mucho el fútbol, tiene cualidades». Así pasaron años donde las noticias para Jaume llegaban de manera intermitente. Hasta que años más tarde, un chico que había entrenado, le dijo que Ayoube seguía jugando y que le iba bien. La confirmación definitiva llegó después, cuando vio que su pupilo fichaba por el Eintracht Frankfurt. En el país teutón completó su formación en varios clubes y tuvo que abrirse camino lejos de los focos. Su salto llegó desde categorías inferiores del fútbol alemán, donde sus goles le permitieron crecer hasta llamar la atención del Eintracht Frankfurt. En enero de 2026, el club de la Bundesliga lo incorporó, y mostró como en apenas unos meses, aquel niño formado en el Voltregá, pasó de moverse en el margen del gran escaparate a formar parte de una Marruecos mundialista que vuelve a mirar de frente a la historia. El camino hacia estos cuartos ha reforzado la sensación de querer volver a hacer un hito. En fase de grupos empató frente a Brasil, y en las eliminatorias superó con facilidad a Canadá y antes a Países Bajos en penaltis. Así llega la reedición del partido de Catar, donde para Francia, es otro paso en su moderna costumbre de vivir cerca del título; y, para Marruecos, una oportunidad de alcanzar de nuevo unas semifinales, así como superar al rival que detuvo su sueño hace cuatro años. En los Mundiales, las historias aparecen en un niño de Vic que llegó al Voltregá porque allí jugaban sus amigos, que metió nueve goles en una final de torneo, y que se marchó a Alemania por una mudanza familiar, que pudiendo elegir otras dos selecciones eligió la del origen de sus padres, Marruecos, que, tiene otra cita con su verdugo mundialista.