La historia guarda buena parte de sus secretos en el fondo del mar. Allí yacen los restos de embarcaciones que, siglos atrás, protagonizaron travesías marcadas por los peligros del océano mientras transportaban las riquezas y maravillas de un mundo que apenas comenzaba a explorarse de forma global. El caso del Temasek Wreck no es el único y hoy mostramos uno de esos ejemplos que conservan un halo de misterio durante años.Una de esas naves, como tantas otras, acabó por sucumbir ante la virulencia de un temporal. Pese a situarse cerca de la costa sur de Inglaterra, concretamente en el condado de Devon, el navío no fue capaz de alcanzar tierra y terminó esparciendo por el lecho marino un valioso cargamento compuesto por monedas de oro, joyas, cerámica, pieles de cabra y sacos de goma arábiga y salitre.Por fortuna, la tripulación logró salvarse, un desenlace que propició que, casi cuatro siglos después, la arqueología marítima y documental hayan conseguido poner nombre al buque en cuestión: Dom van Keulen. Este mercante de origen holandés ha recuperado su relevancia histórica gracias a la labor de archivo llevada a cabo por investigadores como Ian Friel y la colaboración de la Universidad de Bournemouth y el Museo Británico, donde hoy se exponen las piezas rescatadas.Cuatro siglos de antigüedad y tres décadas de dudas Algunos de los objetos recuperados tras el naufragio del Dom van Keulen - Museo BritánicoLa primera piedra de la investigación llegó con el descubrimiento en 1995 del pecio en la bahía de Salcombe. En aquel momento, se recuperaron 400 monedas de oro y otros tesoros, con los que comenzó una búsqueda que solo gracias a la revisión documental ha terminado por ser fructífera. Una labor en la que, tal como recoge Science Alert, no se puede rehuir el protagonismo del historiador independiente Ian Friel.Friel se sirvió de su instinto para llevar a cabo una investigación que lo llevó hasta los Archivos Nacionales del Reino Unido, donde localizó unos legajos de comienzos del siglo XVII. Se trataba de documentos legales en los que dos comerciantes de Ámsterdam y dos miembros de una tripulación testificaban y reclamaban las pérdidas de su navío, el Dom van Keulen, detallando el cargamento exacto y las coordenadas temporales de la tormenta.El relato que se conserva de aquel episodio y de la reclamación llevada a cabo por parte de la tripulación ha sido fundamental para acotar el origen del viaje y el año exacto. El Dom van Keulen salió de las costas de Marruecos en 1633 y puso rumbo a Ámsterdam. Por desgracia para sus intereses comerciales, una tempestad se desató y acabó por naufragar en ese punto de la zona sur de la costa inglesa.Reclamación por escrito nada más producirse el naufragio Extracto del testimonio de Jacob Israel de Port ante el Tribunal Superior del Almirantazgo, 10 de diciembre de 1633 - Museo BritánicoGran parte de la carga fue rescatada por los propios marineros poco después del naufragio al estar en una zona accesible, pero las más de 400 monedas que quedaron atrapadas en la arena y los sedimentos descansan actualmente expuestas en el Museo Británico. De no haber sido por la demanda expresa efectuada por la tripulación nada más producirse el siniestro y por la conservación de ese litigio, no habría sido posible identificar la nave, ya que entre los restos localizados no había ningún elemento identificativo que desvelara de forma directa su origen o su destino.De ese modo y gracias al archivo histórico documental, concluyeron más de tres décadas de intriga sobre la historia y las raíces de los restos localizados en la costa inglesa. Esta historia, sobre la que los investigadores acaban de publicar el libro titulado De Marruecos a la costa de Inglaterra: la historia del Dom van Keulen y su extraordinaria carga, pone de manifiesto una vez más que la conservación documental resulta imprescindible para asociar determinados eventos históricos a su momento y a sus protagonistas.