También va a claudicar Yolanda Díaz con su enésimo desafío obrerista, el registro horario de los trabajadores, debidamente pasado a limpio para adecuarse a las exigencias del Ministerio de Economía, el dictamen del Consejo de Estado o las demandas de las pymes. El maximalismo de la líder saliente de Sumar vuelve a saldarse con una recogida de cable, similar a la que canceló su proyecto de reducción de jornada –«Trabajar menos para vivir mejor»– o su todavía inédito plan de congelación de los alquileres, gestado entre aspavientos y metido desde hace meses en un cajón. El desplome de Sumar, que el pasado sábado celebró una asamblea para elegir a su nueva cúpula, con Díaz ya de simple espectadora, es consecuencia directa de su entreguismo a la causa particular de Pedro Sánchez, cuyos escándalos consiente como el resto de socios de legislatura , pero sin contrapartidas que presentar como trofeo a su electorado. Junts, ERC, el PNV y Bildu han sabido aprovechar la debilidad socialista. Sumar se inmola gratis.