Hace cuatro años, los jugadores de Marruecos se fueron del Mundial de Qatar como héroes. Lograron la primera clasificación para semifinales de un país africano —el continente que es la promesa eterna del fútbol— y pusieron contra las cuerdas a la todopoderosa Francia de Mbappé y Dembélé. Ahora, tras caer con el mismo rival en los cuartos de final jugados en Boston, se van con una sensación muy diferente: la de la expectativa no cumplida, la ambición frustrada. Marruecos llegó al Mundial con la etiqueta de aspirante a todo. Al gran desempeño en 2022 —la victoria contra España en octavos y esa histórica semifinal— se unió la reciente victoria en la Copa de África, la de aquella polémica final frente a Senegal, ganada en los despachos. Los marroquíes no huyeron de esa expectativa. Al contrario, la abrazaron. Su técnico, Mohamed Ouahbi, llegado al cargo en marzo con el prestigio de ganar el Mundial sub-20, no renunciaba a conseguir el mismo resultado en el gran escenario del fútbol. Y el debut en el Mundial, con aquel empate frente a Brasil en Nueva York , en el que los marroquíes apabullaron a los de Carlo Ancelotti en la primera parte, no calmó la ilusión en Marruecos. En la previa del partido contra Francia, Ouahbi mantenía su discurso optimista. «Nunca me voy a contentar con algo cuando se puede conseguir más», dijo. «Queremos ganar, vamos a hacer todo lo posible por ganar, no escuchamos a los que nos dicen que llegar a cuartos ya está bien», agregó. «Saldremos con el cuchillo entre los dientes». No fue así. Marruecos compareció muy timorata, abrumada por el poderío del equipo de Didier Deschamps. Francia es una versión actualizada y mejorada de la de 2022, donde solo cayó en aquella final apasionante en la que Lionel Messi sostuvo a Argentina hasta los penaltis. Francia mantiene ese bloque y le ha añadido munición en todas las líneas. En especial, en el ataque, con la incorporación de Olise, Doué y Barcola. El partido de Marruecos fue una decepción enorme, sobre todo a la luz de esas expectativas. Salió encerrada: solo tocó la pelota en el campo francés dos veces durante los diez primeros minutos. No supo qué hacer con el balón. La ausencia de Saibari, su mejor argumento ofensivo en el torneo, se notó mucho. Brahim, que fue su estrella en la Copa de África, lo intentó, pero sin compañía. Marruecos tiró una sola vez a puerta y fue casi en el minuto 80, cuando ya llevaba en contra dos goles. Se pudo marchar con una goleada ante una Francia que ni siquiera apretó el acelerador. «Marruecos debería estar avergonzada de su actuación», defendió el exfutbolista francés Thierry Henry, que no deja pasar un charco en el que meterse como comentarista de Fox, la cadena con derechos del Mundial en EE.UU. «Estaban esperando a que ocurriera algo en lugar de hacer que ocurriera algo». El símbolo de la decepción marroquí fue Bouaddi, de 18 años, que deslumbró en su debut con Brasil y al que se rifan los grandes clubes europeos. No controló el partido, no dio salida a su equipo, se ahogó en una oportunidad histórica para Marruecos. Su desempeño es otra victoria para Francia. Bouaddi es francés, se formó en su fútbol y jugó con las inferiores de 'Les Bleus'. Pero esta primavera se decidió a jugar por el país de sus padres. Parecía la única pieza que le falta a la máquina de Deschamps, la de un mediocentro con capacidad de dominar y crear juego. Tras lo visto en cuartos de final, por ahora no le van a echar de menos. Bouaddi aseguró que no se arrepiente en absoluto de su decisión y que la derrota les servirá «para crecer y para estar preparados para la próxima competición». «Esto no frena nuestra ambición», defendió el técnico Ouahbi tras el varapalo. «Volveremos más fuertes», prometió. La presión que tuvieron en Boston en los cuartos de final no será nada comparada a la que encontrarán dentro de cuatro años: junto a España y Portugal, Marruecos será país organizador del próximo Mundial.