Antes del 'procés' independentista, en Catalunya había un debate político que aparecía y desaparecía como el Guadiana y rodaba como un hámster encadenando un fracaso tras otro: la reforma de la ley electoral. Mejor dicho, en el caso catalán sería la aprobación de una ley electoral propia, porque es la única comunidad autónoma que aún se rige por la normativa estatal ante la incapacidad de los partidos para ponerse de acuerdo. Hay que reconocer que ese pacto no es sencillo porque el Estatut obliga a buscar una mayoría reforzada de dos tercios del Parlament (90 diputados de 135). En época del bipartidismo, eso suponía una alianza entre CiU y PSC, pero al primero ya le iba bien el sistema electoral actual y el segundo buscaba un modelo a su medida. Cuando el hemiciclo se fragmentó, ya ni se volvió a intentar, quizá porque al independentismo le favorecía un sistema que le dio durante años la mayoría en escaños sin tenerla en votos.Seguir leyendo....