Hubo una época en la que el Tour jamás habría incorporado al Tourmalet en la primera semana de la carrera. La fase inicial estaba dedicada a los velocistas, que se daban unas tortas de consideración mientras peleaban entre ellos por las bonificaciones y el jersey amarillo. No era, con vistas al espectador, la mejor fase de la prueba y con el calor, los que se tumbaban en el sofá de casa, siempre terminaban en un estado de éxtasis con sensaciones que muchas veces no tenían nada que ver con el ciclismo.Seguir leyendo....