La piscina dorada

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Lo que más le ofendió no fue perder la guerra que había empezado. La guerra la perdió en once días, lo cual para un país de su tamaño es casi una proeza de eficiencia, y al cabo de un mes ya nadie discutía el asunto en las sobremesas porque había cosas más urgentes, como el calor o la desaparición de las abejas o el precio de la mantequilla. Lo que de verdad le quitó el sueño, lo que le hizo despertar a su rubia jefa de gabinete a las cuatro de la madrugada con esa voz ronca que empieza a ser frágil, de niño viejo al que le han quitado el triciclo, fue una primera ministra de un país aliado.... Ver Más