Seguimos quitando el envoltorio de los bombones de la caja del Tour. Una noche, siempre cosas del azar, puede llevarte el destino a compartir muros en la misma vieja casa en la que Bernardette Soubirous pernoctó en Tarbes mientras el obispo del momento, mitad del siglo XIX, decidía si las apariciones de la Virgen que había visto en la vecina Lourdes eran reales. En los sueños posteriores, sin embargo, no salían ni santas ni bicicletas.Seguir leyendo....