Luis de la Fuente, el poder de la intuición

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España estaba volcada sobre la portería de Bélgica, con una formación que recordaba a un partido de balonmano. La selección estaba desplegada en todo el frente de ataque y movía el balón de un lado a otro, en busca de fisuras por las que colar su superioridad, mientras que los 'diablos rojos' defendían en bloque con todas las líneas juntas y más prietas que las tuercas de un submarino. Cuando el choque se encaminaba hacia la prórroga, con el empate a uno en el marcador, Luis de la Fuente volvió a frotar la lámpara y de ella salió una vez más Mikel Merino. Cumplió el deseo de su seleccionador, al igual que ante Portugal, con un gol casi sobre la bocina que metió a La Roja en la segunda semifinal mundialista de su historia. Hace 16 años valió para levantar el título, y ahora los jugadores buscan seguir las huellas de aquella generación dorada. Como es lógico, el centrocampista del Arsenal volvió a ser el héroe reincidente de un combinado nacional que ya está entre los cuatro mejores del planeta. Frente a Portugal salió en el minuto 85 y marcó en el 91, y ante Bélgica saltó al campo en el 86 y pegó con el martillo en el 88. «Es increíble. No sé qué decir», comentó nada más terminar el partido. «No hay coincidencias; si toca es porque estás preparado». Lo sabía De la Fuente, quien una vez más movió las piezas del tablero con maestría. No solo este viernes, que también, sino desde hace muchos meses. Mikel Merino se lesionó de gravedad a finales de enero –sufrió una fractura por estrés en un hueso muy especial del pie derecho de la que tuvo que ser intervenido–, estuvo ocho semanas sin poder caminar y aún así el técnico riojano le esperó y le metió en la lista de los 26 sin estar en perfecto estado de revista. Sabía que iba a responder a su confianza, y el navarro le ha servido de momento dos goles de oro en una bandeja de plata. «Siempre estaré disponible como titular o suplente. Soy uno más», manifestó el pamplonés, quien siente devoción por De la Fuente. El seleccionador venía de dinamitar los octavos de final contra Portugal con tres cambios clave en la segunda parte. Metió a Fabián, Ferran y al propio Merino, y entre los tres fabricaron el gol del triunfo. Lo culminó el 'gunner' con una preciosa definición ante Costa en el tiempo añadido. En Los Ángeles frente a Bélgica volvió a acertar con el once y los posteriores retoques. De la Fuente dejó en el banquillo a Pedri y en su lugar puso al medio del PSG. «Queríamos dar un toque diferente a nuestro fútbol con Fabián, quien cubre más campo y tiene llegada», explicó luego el riojano, quien vio cómo su elegido marcaba el primero de la tarde. Ya en la segunda parte retiró a Olmo y le sustituyó por Merino, que hizo la diana de la clasificación. «Es un futbolista completísimo. Es injusto que no juegue –en referencia a la suplencia del navarro–, pero aquí todos pueden ser titulares y salen once. Lo importante es que ha hecho lo que tenía que hacer. En cinco minutos se ha convertido en el protagonista del partido», expuso De la Fuente sobre el futbolista del Arsenal, quien estuvo en su línea argumental. «Estoy centrado en lo mío. Hemos dado un paso más, quedan dos», dijo en alusión al título, que supondría coser la segunda estrella en el pecho de España tras la de Sudáfrica. En los mismos términos se expresó Fabián, alineado con la tesis y la filosofía de su seleccionador. «Siempre estoy preparado para lo que el equipo necesite». Porque De la Fuente defiende por encima del todo el bien común, el «beneficio grupal», el colectivo. Ahora espera Francia. El medio del PSG conoce a la perfección a los galos. «Será muy complicado, pero tenemos armas para ganarles». La intuición del seleccionador es una de ellas, y no es la única. Se avecina tormenta.