Segunda 'volatta' consecutiva para Merlier

Wait 5 sec.

El Tour retomó este sábado su marcha algo prosaica por el suroeste de Francia, entregando otra de esas jornadas en las que la fuga lucía 'maillot' con permiso provisional de un pelotón que aún está asumiendo la ratificación de la dictadura de UAE y Tadej Pogacar . Liam Slock (Lotto), Thibault Guernalec (Total) y Jakub Otruba (Caja Rural) se escaparon pronto y corrieron en solitario gran parte de la etapa, pero su ventaja apenas superó los dos minutos. El checo de Caja Rural repetía aventura después de haber recorrido escapado buena parte de la víspera. Al igual que el viernes, los equipos de los velocistas mantuvieron durante la mayor parte de la tarde el control sin despeinarse. Hasta que un postrero hachazo de Slock les despertó con un bofetón de la siesta. No se habían registrado sobresaltos hasta ese demarraje final; los ciclistas habían pedaleado a una media cercana a los 44 km/h y bajo un calor que hace reflexionar a directores y periodistas sobre posibles modificaciones en las reglas, el diseño o el calendario de la competición. Atravesando la Dordoña, entre bosques, pueblos de piedra y la ribera del río, los ciclistas llegaron sudorosos pero en paz a las dos tachuelas de la jornada: Domme y Buisson-de-Cadouin (de cuarta categoría ambas). Ambas subidas se antojaban intrascendentes; estaban lo suficientemente lejos como para alterar el orden de los que lanzan a los velocistas en un esprint traicionero como el de Bergerac. El líder, Pogacar, sonreía resguardado en el grupo; había recalcado en televisión que la etapa parecía sencilla, sí, pero que era esencial mantener baja la temperatura corporal y evitar los peligros de las rotondas y los estrechamientos de vía los pasos urbanos. Una declaración menos trivial de lo que puede parecer: tras la gesta del Tourmalet, sólo un accidente parece poder alejarle de su quinto Tour.   Cuando apretaba la canícula, un bravísimo Slock demarró con fuerza en Buisson-de-Cadouin y puso mucho más picante del esperado a los últimos kilómetros. Los equipos Soudal y Alpecin se afanaron en prepararse para asegurarse una buena colocación previa en el previsto ajuste de cuentas entre Tim Merlier (vencedor en Burdeos) y Jasper Philipsen. Sin embargo, Slock llegó a los últimos diez kilómetros con un minuto largo de ventaja. Los directores se pusieron nerviosos y el grupo voló en formación de cohete. No desapareció el suspense; el bravo ciclista belga se agarró al asfalto: fue engullido cuando quedaba un kilómetro para la meta. La ansiedad y el sinuoso tramo final entregaron una 'volatta' arriesgada y técnica donde repitió triunfo Merlier con holgada diferencia.