Sinner defiende con orgullo y maestría su título en Wimbledon ante un magnífico Zverev

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Y clava Jannik Sinner con un derechazo su bandera de nuevo en Wimbledon, defendido el territorio tras un ejercicio descomunal de orgullo, consistencia y maestría ante un gran Alexander Zverev, liberado de sus ataduras y que fuerza cuanto puede al número 1 en una igualada final. Pero el italiano, de menos a más en el encuentro, suma su quinto Grand Slam y muestra su autoridad sobre el verde, donde se hizo enorme el año pasado y donde ejerce su superioridad tras tres horas y 46 minutos entre los dos mejores del mundo (6-7 (7), 7-6 (2), 6-3 y 6-4). Se desequilibra por la experiencia del italiano, por su estudio del rival, por ese punto de superioridad que mantiene por encima de todos los demás. Incluso de este Zverev de 87 'aces', 20 dobles faltas, 237 ganadores y 183 no forzados, que lo puso todo en la Catedral, que ya está entre los elegidos, pero al que le faltó creérselo un poco más. Porque ante este Sinner, de 114 saques directos, 16 dobles faltas, 266 ganadores y 183 errores no forzados, todo es necesario, e incluso así, no se llega. En el segundo punto de partido, un intercambio de 22 golpes. Es el Sinner que defiende corona y el Zverev crecido que la quiere, que ya se cree que se la merece, que así se siente desde que se coronó en Roland Garros hace un mes y medio. Que hay nueve derrotas ante el italiano consecutivas antes que esta pero el alemán no piensa en ello en este inicio de final en la que elige restar para empezar y atacar para continuar. Es el ritmo que quiere imponer el alemán al que el italiano no se opone de inicio porque, a pesar de la agresividad, está cómodo en ese juego, que tiene físico, piernas y mil recursos para adaptarse a esa estrategia, incluso un globazo perfecto que supera los 198 centímetros del alemán y clava en la línea para mantener la calma para el 2-1. El ya virtual número 2 aprieta, no obstante, y asoma algún colmillo al resto, que tiene la mejor derecha de su carrera que ha unido a una confianza con ese golpe que no se le había visto nunca. Pero Sinner salva como si tal cosa con tres saques estupendos. Sigue cómodo el número 1, que cierra la boca del rival y se atreve en la siguiente a sacar él la furia. Con el 4-4, es la primera bola de rotura del partido, a su favor, que salva Zverev con un saque estupendo. Las armas están sobre el tapete. De ahí que tras una hora de juego, el primer set se decida en un desempate todavía más intenso, con más saques directos del italiano, más derechas del alemán, defensas y ataques que mantienen la igualdad, el respeto, la adrenalina. Es el resumen de esta hora de final: si Zverev mete el fuego con una primera bola de set, el hielo lo aporta Sinner con una dejada fantástica que mantiene el suspense; a la primera bola de set que tiene el italiano reacciona el alemán con un saque directo. Vuela en una nube el alemán. Ha aprendido a que el proceso era el correcto, que nada estaba mal con él, que debía continuar ahí. Para él el esfuerzo de hacerlo, de no bajar los brazos, de confiar en el día a día. Porque de esa Copa de los Mosqueteros, a esta final de Wimbledon en la que, por muchas cosas, amanecía como menos favorito, es el que lidera por sensaciones y por juego. Que no puede doblegar a Sinner, es verdad, pero sí descentrarlo, sacarlo de su modo arrollador y obligarlo a hacer un esfuerzo que nadie le había exigido antes. A la segunda bola de set demuestra quién es este Zverev despojado de la losa del primer Grand Slam: libre y vivo, sacude la derecha paralela para atrapar este igualadísimo primer set en 72 minutos de juego. Mantiene el nivel, la adrenalina y la intensidad durante la siguiente hora, igualadísima también porque Sinner, a pesar de que no está consiguiendo superarlo desde el fondo como suele ser habitual, saca sus turnos de saque con solvencia y cambia intercambios y direcciones con dejadas que faltaba integrar en esta final. Así, vuelven a ser el hielo y el fuego, impenetrables en los juegos de servicio, y que resuelven sus diferencias en otro 'tie break'. Aquí, Sinner encuentra por fin una grieta, un pequeño agujerito por el que se mete sin remedio ni remordimientos: el resto ante los segundos servicios del alemán. Con dos restazos ajustados, mete una duda en el alemán, y acelera con más rabia, más mordiente en su derecha, más ataque sobre el ataque del rival, al que lo hunde ese 0-4 que trata de salvar como puede. Pero este ya no es el Sinner de la primera hora de juego, es el que se agarra a la Copa con uñas, golpes ganadores (18 por 15), solo seis errores (por once de Zverev), saques directos y saña. Gana el italiano este segundo set con un 55 % de primeros servicios gracias a los restos ante un rival que ha ejecutado un 86 % de ese golpe. Es ese el truco, la llave que ha encontrado Sinner, aunque le va a costar forzar la cerradura, no obstante. Sabe Zverev que tiene que afianzar ese primer saque (81 primeros dentro de 100 intentos a estas dos horas y media de juego) si quiere sobrevivir a este Sinner más animado. Tanto como para tener su segunda bola de rotura del partido con 4-3 porque al alemán se le escurre ese primer golpe. Y ha aprendido a leer estupendamente los segundos del alemán. A pesar de un resbalón y una caída, el italiano es capaz, por fin, de romper por primera vez el saque del rival, que lanza la raqueta por rabia después de casi tres horas de un trabajo excepcional. Es un punto de inflexión definitivo porque a Zverev se le empieza a escapar la confianza y tiene lleno el depósito Sinner, que por fin es líder en esta final: saque directo para atrapar el tercer set. Se envuelve el número 1 en ese subidón que le otorga haber roto por fin el saque de su rival, y ejerce por fin el liderazgo que acumula en los últimos tiempos. Acelera sus golpes y también con el resto, con el que vuelve a poner en aprietos al alemán, que debe afrontar dos bolas de rotura en el 3-3. Este Zverev que nota cierto cansancio después de la paliza de gestionar la potencia, la concentración, las emociones. Pero está Sinner una chispa más consistente ahora y consigue la tercera opción de rotura que convierte con otro gran resto y un derechazo fulminante (5-3). Ahí, el mejor Sinner y el mejor Zverev. Que se dejan todo lo que tienen en un último juego que también resume esta final: igualdad, puntazos, adrenalina, agresividad y un punto más de autoridad en la raqueta del italiano, que cierra el choque con un derechazo paralelo al que se rinde el alemán, bravísimo en su desempeño.