Una cuestión de efectividad

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Es lógico que un partido tan apasionante como el España-Francia de este martes en Dallas, quizá el mejor que se puede ver hoy en día entre dos selecciones, haya disparado los análisis sobre las claves que pueden decidirlo en un sentido u otro. No es fácil recordar un duelo sobre el que se haya puesto tanto la lupa. Se han hecho tantos informes y desde tantas perspectivas, se han mirado y remirado tantas variantes, se han valorado de un modo tan exhaustivo las fortalezas y debilidades de los dos equipos que da la sensación de que nada de lo que ocurra podrá sorprendernos. Digamos que este es el signo de los tiempos y uno, obligado a no parecer, todavía más de lo que ya lo parece, un inadaptado de la era mesozoica, ha decidido hacer su pequeña aportación. La he hecho de una forma sencilla: revisando los dos últimos partidos oficiales que han enfrentado a los equipos de Luis de la Fuente y Didier Deschamps, las semifinales de la Eurocopa 2024 y de la Nations League 2025. Ambos, como es sabido, terminaron con victorias de España por 2-1 y 5-4. Las estadísticas son muy interesantes, sobre todo por la gran diferencia que hay entre ellas. El partido de la Eurocopa respondió al duelo de estilos que se esperaba entre estas dos selecciones. España tuvo más la pelota. Ganó con un 58% de posesión y dando casi cien pases más que su rival (456 frente a 358). En el número de jugadas de ataque (39 frente a 46) y en remates a portería (2 frente a 3) hubo, sin embargo, una ligera ventaja de 'les bleus'. El año pasado, en el espectacular 5-4 de la Nations, se produjo un cambio llamativo. España volvió a ganar, pero no lo hizo a su manera, sino más a la francesa, por decirlo de alguna manera, con menos posesión (un 47%) y la friolera de 124 pases menos (398 contra 522). El hecho de que La Roja se adelantara con dos goles casi seguidos en los minutos 21 y 22, lo que le permitió esperar en su campo para buscar contragolpes, fue la causa obvia de que Francia tuviera ese día más la pelota. Eso sí, también tuvieron bastantes más remates (15 frente a 26), aunque sólo uno más a portería (8-9). Hay una conclusión que cae por su propio peso. Entre dos equipos tan diferentes pero de un nivel tan parejo, ambos con argumentos de sobra para hacer daño a su rival, los partidos se deciden por una sencilla cuestión de efectividad. Otro dato en este sentido que no había dado y que es muy ilustrativo. Corresponde al partido disputado el 5 de junio del año pasado en Sttutgart. De sus 15 remates, los españoles dirigieron 8 entre los tres palos (un 53%). Los franceses, por contra, sólo 9 de sus 26 (un 34%). Pues bien, por encima de cualquier otra cuestión táctica, el España-Francia de mañana lo ganará el que tenga el día más acertado en la portería rival. El vuelo ofensivo de la tropa de Deschamps, con sus cuatro mosqueteros arriba, es superior al de cualquiera y eso resulta temible, pero ya se ha visto que España suele ganarle demostrando una mayor precisión. POSTDATA. Las polémicas arbitrales continúan enturbiando el Mundial. Y no es para menos visto lo ocurrido en las dos últimas semifinales: el gol que le anularon a Noruega, el sospechoso empate que le concedieron a Inglaterra antes del descanso –aunque la FIFA lo niega, la forma en que cae el balón que saca Hyland, directamente a plomo, invita a pensar que sí tocó en el cable de la spyder-cam–, la expulsión a Embolo que dejó a Suiza con diez... A ellas se pueden sumar otras jugadas de las que se sigue discutiendo. Me vienen a la cabeza el gol del empate anulado a Croacia porque el sensor del balón detectó un levísimo toque en un croata que no apreció nadie, el penalti que le birlaron a Ghana contra Inglaterra, el gol anulado a Egipto, también contra Argentina, por un leve pisotón en el arranque de un contragolpe extraordinario... Todo esto por no hablar de la cacicada histórica de anular la tarjeta roja a Balogun para que pudiera jugar ante Bélgica. El tufillo está ahí, concentrado en una sospecha corrosiva: que los perjudicados siempre son los equipos más pequeños y que los grandes –especialmente Inglaterra y Argentina, ambos bendecidos– son los beneficiados.