La Tierra no siempre necesitó un asteroide para sufrir una catástrofe global: bastó con que una estrella muriera demasiado cerca. Dos supernovas podrían explicar algunas de las mayores extinciones de la historia

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Las detonaciones habrían erosionado el ozono y expuesto la superficie a niveles extremos de radiación ultravioleta. Esa cadena de daños encaja con la desaparición masiva de especies marinas al final del Ordovícico y durante el Devónico tardío.