A pesar de vivir inviernos y primaveras en los que las precipitaciones suelen ser la nota dominante, España afronta cada verano un problema estructural en su gestión hídrica, que se puede ver acentuado con la instalación de centros de datos para la IA. Carestía ante la que el Estado de Israel ha sabido dar una respuesta modélica, partiendo incluso de una situación mucho más compleja.Tal ha sido el impacto positivo de su estrategia que ahora medio mundo, y en especial las regiones más castigadas por las sequías, miran con atención su modelo para intentar replicarlo ante un futuro en el que los investigadores del cambio climático ya prevén sequías extremas.El Estado de Israel ha sabido hacer de la necesidad virtud. Aun con extensas áreas desérticas y un importante déficit en materia pluvial, ha logrado paliar esa escasez hasta convertirse en una potencia mundial en tecnología hídrica y exportadora neta de este recurso. Lo ha conseguido gracias a tres pilares fundamentales: la desalación, el reciclaje de aguas residuales y una gestión eficiente del riego para cultivos.Desalación de agua marina para consumo doméstico Planta desalinizadora de Sorek ubicada en Rishon LeZion, IsraelEl modelo hidrológico de Israel tiene en las plantas desalinizadoras su primer factor diferencial. El país hebreo cuenta con algunas de las infraestructuras por ósmosis inversa más grandes y eficientes del mundo, como Sorek, Hadera o Ashkelon. Esto se traduce en un dato de lo más llamativo: alrededor del 80% del agua que consumen los hogares israelíes proviene del mar Mediterráneo. Además, este logro tecnológico ha llegado acompañado de otra ventaja clave como la optimización de los procesos, de tal manera que Israel ha logrado minimizar el coste energético y económico por metro cúbico desalado.El segundo pilar sobre el que Israel marca diferencias con España en cuanto al aprovechamiento del agua tiene que ver con su reciclaje. Habida cuenta de la escasez y de la necesidad de sacar el máximo partido a los recursos, la vía de la reutilización era un camino lógico. Si, además, ese agua recuperada sirve para alimentar los cultivos, el beneficio es doble: evitar el impacto de la sequía y llevar a cabo producción tanto para consumo local como para su exportación.Israel supera por mucho, incluso a España, en materia de reutilización de aguaOjo, que España a nivel mundial está muy bien posicionada en cuanto a la reutilización de recursos hídricos, pero es que el caso de Israel supera cualquier escenario en el que se mueva el resto de territorios. No en vano, es la nación que más porcentaje de agua depurada aprovecha en todo el planeta, acercándose al 90%, cuyo destino se dirige casi en su totalidad a la agricultura de alta producción.Para ponerlo en perspectiva, el segundo país que más recicla es precisamente España, pero nuestra tasa se mueve en torno al 10-12%. El agua residual de ciudades como Tel Aviv, cuya área metropolitana cuenta con 3,8 millones de habitantes, se trata por completo y se envía directamente al desierto del Néguev para regar los cultivos.Optimización de sistemas de riesgo y aprovechamiento de tecnología de revisión El tercero de los puntos en que Israel basa su fortaleza hídrica tiene que ver con la tecnología empleada para regar sus cultivos así como para controlar las redes desplegadas en las zonas de campo. El riego por goteo tiene su origen en una empresa israelí llamada Netafim. Su expansión mundial ha sido notable pero, sin duda, donde tiene mayor impacto positivo sigue siendo en el suelo que lo vio nacer. Además, se trata de una tecnología en constante evolución que hoy en día incluye sensores de humedad con inteligencia artificial, sistemas para monitorizar fugas y microdosificación de nutrientes que permiten exprimir cada gota de agua.El ejemplo israelí pone de manifiesto que la escasez de agua no tiene por qué ser un problema endémico, sino el detonante de una estrategia capaz de dar respuesta tanto a nivel interior como exterior. Mientras la política española se enreda en complejas soluciones como los trasvases, la tecnología ofrece alternativas a largo plazo donde la inversión en infraestructura se traduce en resultados que tardan poco en mostrar su eficacia y en ganarse la admiración del resto del mundo. Reutilizar las aguas residuales, aprovechar las zonas costeras para proyectar más plantas desalinizadoras y optimizar los regadíos de forma inteligente son las llaves definitivas hacia un futuro hídrico sostenible.