Australia construyó una valla de más de 3.200 kilómetros que atravesaba desiertos, bosques y llanuras. No quería separar territorios, sino frenar a millones de conejos que estaban devorando el continente
La Rabbit-Proof Fence fue una respuesta extrema a una plaga nacida de una introducción aparentemente inofensiva. Aunque nunca logró detenerla por completo, se convirtió en una de las mayores obras de control ecológico de la historia.