Hubo un tiempo, a finales del siglo XIX, en el que el mundo miraba a Haro con una mezcla de asombro y envidia. Mientras gran parte de España se iluminaba aún con velas, esta pequeña ciudad riojana estrenaba luz eléctrica, convirtiéndose en un faro de modernidad solo comparable a las grandes capitales europeas. El motor de este prodigio era el vino , y su cordón umbilical, el ferrocarril . Las vías que conectaban el valle del Ebro con el puerto de Bilbao y el corazón de Francia no solo transportaban barricas; trajeron consigo una revolución industrial y social que cristalizó en un enclave único: el Barrio de la Estación . Hoy, tras más de un siglo de historia, las piedras... Ver Más