El diseño se deja notar en todo cuanto nos rodea, aunque no siempre el usuario es consciente de las diferencias existentes en un objeto o utensilio con respecto a otro modelo. Esa diversidad, en ocasiones, obedece a una cuestión meramente estética o de diferenciación, pero hay circunstancias en que la normativa es la que impone esas variedades. No hablamos de inodoros inteligentes, pero sí de una primera adaptación a las circunstancias globales.El ejemplo lo tenemos con los inodoros que podemos encontrar en los espacios públicos. Ya sea en servicios de centros comerciales, de estaciones de tren o metro, en aeropuertos o en locales de restauración, en ellos se puede ver un detalle de diseño singular y característico que los diferencia de los que se instalan en los hogares: la tapa presenta una abertura que convierte su forma ovalada en una 'U'.Esta modificación no es algo casual ni un mero capricho estético, sino que responde a normativas de salud pública que se plasman gracias a la ingeniería sanitaria y que se muestran cada vez más protagonistas a la vista de los hallazgos que realizan los estudios recientes en cuanto a los microorganismos que pueden habitar en los sanitarios. De hecho, tras la aparición e implementación de esa abertura en el diseño se encuentran los pliegos normativos desarrollados por asociaciones como la Asociación Americana de Ingenieros de Fontanería (ASPE por sus siglas en inglés) y el Código Internacional de Fontanería.Higiene íntima sin contacto directo y prevención de bacterias Inodoro con abertura frontalEl principal aspecto que justifica ese diseño con un espacio abierto en la parte frontal del inodoro tiene que ver con la higiene íntima. Al eliminar esa zona frontal, se reduce la superficie que el usuario podría tocar en el momento de proceder a la limpieza genital. La oquedad en cuestión minimiza la posibilidad de roces tanto del papel como de las manos con zonas en que haya habido un contacto previo y, de ese modo, se evita la contaminación cruzada. Este aspecto es especialmente relevante para el uso femenino.Papel y manos son las zonas que mayor potencial tienen de entrar en contacto con esa zona, pero también las partes íntimas se ven expuestas a ello. Ahí reside otro de los motivos de que las organizaciones competentes optaran en su momento por requerir ese tipo de diseño para los inodoros de espacios públicos y con un potencial de tránsito de usuarios elevado.Mantenimiento, desinfección y resistencia al uso continuoEl cuidado de la higiene pública se encuentra en el primer escalón de las razones que justifican la presencia de estos sanitarios con esa abertura frontal, pero no es la única. El mantenimiento y la limpieza de los mismos también pesan a la hora de su elección. El espacio frontal libre evita la acumulación de orina en la parte frontal de la tapa y facilita las tareas de limpieza al personal de desinfección.Hemos visto la importancia de la hendidura frontal en cuanto a sanidad y prevención, en cuanto a mantenimiento, y ahora queda la tercera de las causas que se encuentran tras dicha decisión de construcción. En este caso, tiene que ver con la resistencia y durabilidad de los inodoros que se instalan en espacios públicos.Al tratarse de zonas de tránsito elevado, la idea a la hora de plantear su diseño exigía pensar en el largo plazo y la capacidad de conservar su buen estado pese a un tránsito más reiterado que el que tienen los inodoros domésticos. En este caso, la apertura frontal minimiza la tensión mecánica en una pieza expuesta al uso elevado en número de personas con fisonomías muy distintas.De este modo, si alguien había pensado que encontrar inodoros con abertura frontal en lugares como aeropuertos o centros comerciales era una mera casualidad o una decisión del fabricante pensada para ahorrar material en la cadena de producción, debe saber que la cuestión no obedece a caprichos ni a economía, sino a una opción con la que prevenir problemas de higiene y salud pública en entornos de alta concurrencia.