Enrique Pérez de Tena, capitán de fragata retirado, sobre la guerra cibernética: «Una flamante fragata se podría convertir en un trozo de hierro flotante»

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Un buque puede conservar su casco intacto y perder capacidades por un problema informático. La navegación, las comunicaciones o el control de equipos dependen de sistemas digitales: si estos dejan de funcionar, el fallo puede tener consecuencias físicas. Protegerlos también forma parte de mantener el barco operativo.Enrique Pérez de Tena, capitán de fragata retirado y entonces asesor de Relaciones Institucionales del Mando Conjunto del Ciberespacio, emplea una imagen contundente para explicar esa dependencia. Su advertencia se refiere a una posible pérdida de capacidad militar si un atacante consigue comprometer funciones del buque.La escena plantea una pregunta distinta de cuánto acero o armamento lleva a bordo: qué ocurre cuando sus sistemas fallan. Un equipo desconectado, una información alterada y unos datos robados son problemas diferentes. Cada uno exige saber qué se ha perdido y cómo afecta a la misión.Qué depende de un ordenador a bordoPérez de Tena desarrolló ese ejemplo en el pódcast Hablemos de Defensa y Seguridad de Infodefensa, publicado el 14 de enero de 2026. Aludía a la posibilidad de comprometer los sistemas de combate o las comunicaciones. Era un escenario hipotético de ataque, sin identificar un incidente real ni una fragata determinada. La imagen sirve para explicar por qué los riesgos de los ciberataques alcanzan también a las plataformas militares.Los proyectos de Navantia permiten observar cuánto ha crecido esa presencia digital. La empresa explica que las F110 tendrán un gemelo digital, una reproducción virtual alimentada por sensores que ayudará a anticipar tareas de mantenimiento. Su sistema SCOMBA integra las capacidades de combate y facilita el trabajo con otras unidades. Son funciones previstas en el diseño; esa descripción no acredita una vulnerabilidad concreta del programa.También en la navegación civil se distingue entre los ordenadores que manejan información y los equipos digitales que controlan procesos físicos. Las directrices de la Organización Marítima Internacional, revisadas en abril de 2025, incluyen propulsión, suministro eléctrico y comunicaciones entre los posibles sistemas expuestos. Esa conexión entre software y maquinaria ayuda a entender la importancia de proteger la tecnología de los buques, aunque cada barco tenga una configuración diferente.Cómo se ensaya la respuesta a un ataqueEn España, el Mando Conjunto del Ciberespacio tiene encomendada la planificación y dirección de las operaciones militares en ese espacio. La descripción oficial de sus unidades incluye proteger la confidencialidad, la integridad y la disponibilidad de la información. En términos prácticos, se trata de evitar accesos indebidos y alteraciones, pero también de mantener los datos y servicios accesibles para quienes los necesitan. Detectar amenazas y responder a ellas forman parte de ese trabajo.La preparación se prueba en ejercicios. El Estado Mayor de la Defensa informó en mayo de 2026 de que el equipo español de Locked Shields 2026 reunió a 186 participantes, entre militares, fuerzas de seguridad y especialistas públicos y privados. Estas pruebas de ciberseguridad exigen coordinar la respuesta técnica con decisiones jurídicas, comunicación e inteligencia. El ataque se desarrolla en una simulación, donde se puede ensayar esa coordinación antes de una crisis real.Recuperarse también requiere preparativos. Las recomendaciones marítimas contemplan copias de seguridad, planes de recuperación y un inventario de sistemas y sus dependencias. Saber qué equipos sostienen una función permite valorar las consecuencias de su caída. La capacidad de seguir operando depende, por tanto, de conocer y proteger lo que sucede dentro del buque además de lo que puede alcanzarlo desde fuera.