La celebración en Madrid del Gran Premio de España de Fórmula 1 ha representado a todas luces una buena noticia desde el punto de vista deportivo, de infraestructura, inversión e imagen exterior. Sin embargo, alrededor de la carrera ha aflorado una burda operación política de boicot a la Comunidad y la ciudad de Madrid. Institucionalmente, periodísticamente y hasta en las redes sociales –con los mensajes en las redes del ministro de Transportes, Óscar Puente, y la habitual vulgaridad de sus desatinos– ha emergido un intento de perjudicar al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso , desprestigiando el patrimonio de una región entera y a sus ciudadanos, rehenes de las vendetas partidistas de Moncloa contra Sol. Desde ámbitos de la oposición se han pergeñado, sin éxito, insensatas maniobras para amplificar una oposición entre los vecinos de los barrios afectados que en realidad resulta testimonial, mientras se pretendía entorpecer un Gran Premio que ha congregado a decenas de miles de personas y constituye, sencillamente, un éxito para los madrileños y para España.