Los crecientes temores en torno a la inteligencia artificial tienen consecuencias más inmediatas que el creíble pavor a que suponga una amenaza física a la pervivencia humana. Desde un punto de vista de los mercados resulta que la IA ha supuesto en los últimos años un trasvase del flujo financiero poniendo en jaque uno de los principios básicos de la inversión prudente; la diversificación. Las grandes subidas bursátiles y la gran capitalización se ha centrado en un puñado de firmas (las 'big seven'), mientras que los valores teóricamente refugio (los sectores defensivos) han sido relegados al olvido en las carteras de inversión por su escasa revalorización potencial. Seguir leyendo....