La inteligencia artificial empieza a entrar en terrenos donde hasta hace poco parecía difícil imaginarla. Un equipo de UTHealth Houston y Yale ha probado un sistema que tiene la capacidad de analizar una evaluación de salud mental a partir de vídeos y sus resultados se acercaron a los de varios psiquiatras.El sistema parte de Qwen3-Omni y analiza cómo habla una persona, su tono de voz y su comportamiento durante la consulta. Después reúne esa información y genera una valoración escrita. La intención de sus creadores no es sustituir al especialista, sino darle una herramienta adicional.Acertó bastante en el diagnóstico general, pero no en todoPara ponerlo a prueba, los investigadores utilizaron vídeos de pacientes simulados con esquizofrenia, trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno bipolar en distintos niveles de gravedad. Tanto la IA como equipos de psiquiatras tuvieron que valorar diez aspectos, entre ellos el estado de ánimo, el habla, las percepciones, las ideas delirantes, la conducta y el riesgo de suicidio.En conjunto, el sistema se acercó a las evaluaciones de los especialistas, aunque todavía existe distancia. Los psiquiatras coincidieron entre ellos más que la IA con los expertos, y el modelo cometió más errores cuando tenía que interpretar información menos evidente, como determinadas ideas delirantes.También tendía a detectar de más algunos problemas observables y su rendimiento empeoraba sustancialmente cuando aumentaba la gravedad de los síntomas. Es un límite importante en un campo donde entender el contexto resulta tan importante como escuchar al paciente.El avance en cuestión llega mientras crece el debate sobre la relación entre la IA y la salud mental, por los riesgos de utilizar estas herramientas sin supervisión profesional.Su primera utilidad podría estar en formar y ayudar a otros médicosLos investigadores ven un uso más inmediato fuera del diagnóstico autónomo. El sistema podría servir para entrenar a estudiantes, ayudar a médicos con poca experiencia en psiquiatría o apoyar a profesionales que trabajan donde no siempre hay un especialista disponible.Incluso los errores pueden resultar útiles: un estudiante podría comparar la valoración de la IA con la de un psiquiatra y entender qué señales interpretó mal. El equipo quiere mejorar ahora esas áreas donde el modelo todavía necesita más razonamiento.Por ahora, el mensaje es menos espectacular y polémico que “una IA reemplazará al psiquiatra”. El estudio demuestra que ya puede observar mucho y acertar bastante, pero todavía le cuesta aquello que exige comprender matices, contexto y experiencia subjetivas. Y ahí sigue estando buena parte del trabajo clínico.