Compartir sofá, cena y horas de sueño puede reforzar una relación, pero no siempre juega a favor de la salud. Un estudio con 107 parejas sugiere que una relación feliz puede asociarse con un envejecimiento más lento cuando ambos mantienen buenos hábitos, pero también con señales de envejecimiento más rápido cuando comparten una mala dieta o poco descanso.Los investigadores siguieron durante dos años a parejas casadas o que convivían, con edades de entre 40 y 87 años. Querían entender por qué los beneficios para la salud de una relación satisfactoria no parecen iguales. Para ello combinaron cuestionarios, conversaciones grabadas en laboratorio y análisis de sangre.Una relación feliz no compensa dormir mal ni comer peorDurante las visitas, las parejas hablaron sobre un momento positivo, un problema personal y un conflicto de la relación. Los investigadores evaluaron cómo se trataban entre sí y cruzaron esos resultados con su actividad física, calidad del sueño y alimentación.Después analizaron tres señales relacionadas con el envejecimiento biológico. Una era la longitud de los telómeros, estructuras que protegen los extremos de los cromosomas y suelen acortarse con el tiempo. También estudiaron cambios químicos en el ADN que permiten estimar la edad biológica y una proteína llamada p16INK4a, que aumenta cuando algunas células envejecen y dejan de dividirse.Al comienzo, las personas más satisfechas con su relación tendían a mostrar niveles más bajos de esa proteína, pero la ventaja aparecía sobre todo entre quienes hacían ejercicio. Del mismo modo, las parejas que se apoyaban más durante las conversaciones mostraban mejores señales cuando dormían bien y seguían una dieta saludable.La sorpresa apareció al observar la evolución durante dos años. Entre las parejas muy satisfechas que dormían peor y comían de forma menos saludable, los telómeros se acortaron más rápido. También aparecieron señales de envejecimiento acelerado en el ADN de algunas parejas muy positivas entre sí, pero con peor alimentación.La idea en sí es bastante sencilla: dos personas pueden reforzarse mutuamente tanto los buenos como los malos hábitos. Quedarse despiertos hasta tarde, comer peor o llevar una vida sedentaria puede convertirse en una rutina compartida que, además, resulte agradable.Eso no significa que estar felizmente casado envejezca. El estudio es observacional y no puede demostrar causa y efecto. Además, la muestra era pequeña, mayoritariamente blanca, con buen nivel educativo y más saludable que la población general.Aun así, el trabajo añade otra pieza a lo que sabemos sobre el envejecimiento. Otros estudios han encontrado dos fases de envejecimiento a determinadas edades, mientras que el estrés económico prolongado también se ha relacionado con mayor envejecimiento cerebral.La conclusión al respecto es bastante menos romántica, pero muy práctica: llevarse bien puede ser muy positivo, aunque una relación feliz no borra los efectos de dormir mal, comer peor o moverse poco. Si los hábitos se comparten, sus consecuencias también pueden terminar compartiéndose.