Casi desde el lanzamiento de ChatGPT, en noviembre de 2022, algunas de las empresas más punteras en IA han debatido sobre el riesgo de que la inteligencia artificial llegue a descontrolarse y termine suponiendo una amenaza para la humanidad. En los últimos meses, los ciberataques sufridos por plataformas como Hugging Face y provocados por agentes de IA, así como la alerta lanzada la semana pasada por un trabajador de Anthropic sobre el potencial de esta tecnología para provocar la extinción de la humanidad, han avivado todavía más este tipo de debates. El último ejemplo llegó este sábado, cuando el CEO de Anthropic, Dario Amodei , publicó un ensayo en el que pidió una desaceleración global del desarrollo de la inteligencia artificial. Rápidamente, Sam Altman, primer ejecutivo de OpenAI, Demis Hassabis, presidente de Google Deepmind, y Elon Musk, de SpaceXAI, se apresuraron a mostrarse de acuerdo. En el escrito, Amodei se manifestaba preocupado por la posibilidad de que en los próximos «6 a 12 meses» la IA «pueda controlar todo internet» provocando por el camino «cientos de miles de millones de dólares en pérdidas». Para tratar de ponerle solución al problema, Anthropic se ha comprometido a poner a disposición de evaluadores externos toda su tecnología, para que estos verifiquen que la tecnología es segura. Asimismo, se ha invitado «a las empresas de IA de vanguardia en países democráticos» a «coordinarse para establecer estándares de seguridad comunes» que todas deben cumplir, es decir, a que sean las propias 'startups' las que creen las normas a partir de las cuales deben regirse. Finalmente, se ha sugerido que «Estados Unidos y otros gobiernos democráticos intenten coordinarse con los gobiernos autoritarios, en la medida de lo posible» para ayudar a reducir los riesgos. Sobre el papel, el mensaje que se lanza parece positivo: los gigantes de la IA están tan preocupados por el futuro de esta tecnología y por su efecto en la sociedad que están dispuestas a ralentizarla, a pesar de los efectos que esto puede tener en sus resultados financieros. Sin embargo, numerosos expertos muestran dudas sobre las buenas intenciones de estas compañías, a las que ven especialmente interesadas en autorregularse para evitar el futuro control de gobiernos. También alertan de que si tienen éxito, pueden dificultar que otras empresas más pequeñas se conviertan en una amenaza para su negocio el día de mañana. «Dejad de fingir que la motivación para reducir la velocidad (en el desarrollo de la IA) es puramente altruista», ha afirmado en sus redes sociales David Sacks, principal asesor de la administración Trump en temas tecnológicos. El experto ha dejado caer, además, que tanto Anthropic como OpenAI cuentan con capacidad para reducir los riesgos por su cuenta: «La forma más sencilla de no crear una superinteligencia -una IA que sería más lista que cualquier humano y que podría acabar convirtiéndose en una amenaza- es que os comprometáis a no crearla. Exigir vuestro marco regulatorio preferido como precio por hacerlo parece un chantaje a la opinión pública y al sistema político». Y no es el único que ve problemas en la propuesta de Amodei. Satya Nadella, CEO de Microsoft, otra de las empresas que más fuerte han invertido en materia de inteligencia artificial, está de acuerdo con la necesidad de que la tecnología avance con «ritmo pausado» para reducir los riesgos. Sin embargo, no considera que la autorregulación sea el camino: «Esto no puede estar controlado por un puñado de actores, sino que tiene que contar con una representación amplia de todo el ecosistema, de distintos países y de distintos ámbitos, incluida la universidad». Lo mismo opina Clément Delangue, director ejecutivo de la plataforma Hugging Face, quien afirmó en X que los problemas de la IA no pueden solucionarse «a puerta cerrada entre un puñado de laboratorios de vanguardia». Josep Curto, director académico del Máster en Inteligencia de Negocios y Big Data en la Universitat Oberta de Catalunya, explica a ABC que, efectivamente, «hay razones para preocuparse» ante el rápido avance de la IA, pero, «hay que diferenciar el riesgo real del ruido mediático». «No debe preocuparnos un escenario hipotético tipo Terminator o una superinteligencia fuera de control, sino los problemas tangibles que ya están ocurriendo en relación con la IA: la desinformación masiva, el sesgo en los algoritmos, el impacto en la privacidad y la dependencia crítica de sistemas cuyos fallos no comprendemos del todo. La alerta es válida, pero el foco del debate público suele estar desplazado hacia el alarmismo existencial y sistémico», dice el experto. Curto ve en la postura de Amodei, Altman, Hassabis o Musk «una mezcla evidente de intereses que puede cubrir motivos menos altruistas, preocupación genuina e incluso un intento de lavarse las manos» por los problemas que pueda provocar su tecnología: «Mostrarse preocupados es una maniobra clara de relaciones públicas. Les permite lavar su imagen de marca y traspasar la responsabilidad a los gobiernos. Es como decir: 'Nosotros avisamos del peligro, son las autoridades las que deben regular'. Al final, se trata de una estrategia para cubrirse las espaldas». Luis Martín, director de soluciones de IA en Llorente y Cuenca, está de acuerdo con este análisis. Además, añade que con la creación de sus propias normas, los gigantes de la IA podrían tratar de dificultar el surgimiento nuevas empresas que compitan con sus modelos. «Cuando pides una ralentización en el desarrollo de la IA y el surgimiento de entes que pongan trabas parece que están intentando poner una barrera de entrada a nuevos jugadores», dice el experto. «Ellos tienen los recursos y el capital para cumplir con la burocracia, mientras que las normas ahogarían a la competencia de código abierto y a las pequeñas startups», completa Curto. Luego está el componente económico. Jensen Huang, CEO de Nvidia, avisó ya la semana parada durante una conferencia que esperaba que próximamente las empresas desarrolladoras de IA centrada en la ciberseguridad, como OpenAI y Anthropic, tratasen de aumentar la preocupación entre las empresas para que sus productos de seguridad resultasen más atractivos. Un movimiento que también ha visto venir Sergio Álvarez-Teleña, CEO de la empresa de inteligencia artificial SciTheWorld y uno de los mayores expertos en esta tecnología que hay en España. El experto descarta de plano los escenarios apocalípticos que señalan que la IA podría terminar causando la extinción humana «a final de esta década», tal y como alertó la semana pasada un investigador de Anthropic . «No hay más razones para estar preocupados por esto que por que nos caiga un meteorito encima. Las probabilidades son increíblemente bajas», dice Álvarez-Teleña en conversación con este diario. «La sensación que tengo es que están intentando preocupar a la gente para conseguir más inversión. El mensaje, aunque no sea explícito, es que se invierta en estas empresas, porque se presentan como las únicas que son capaces de solucionar el problema de lo buenos que son en lo suyo», zanja el experto.