Curro Romero: «Lo más difícil del mundo es comer despacio cuando se tiene hambre»

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La tauromaquia puede ser una escuela de vida. Son múltiples los aforismos que han llegado hasta nuestros días como auténticas joyas literarias cargadas de una verdad filosófica que trasciende más allá de los burladeros y que van pasando de generación en generación. Si para Octavio Paz «el toreo es poesía en movimiento», Juan Belmonte entendía que «se torea como se es» y para Antoñete «la colocación es imprescindible en el toro y en la vida», porque incluso en la barra de un bar «conviene estar bien colocado». Para Curro Romero , la paciencia no solo es una expresión de su concepto del toreo, sino que se trata de una manera de entender la vida. «Lo más díficil del mundo es comer despacio cuando se tiene hambre» , sentenció alguna que otra vez el Faraón de Camas. Una expresión que va mucho más allá del noble acto de jamar y que conecta con una trayectoria taurina marcada por la espera, la templanza y el rechazo a las prisas. Curro Romero conoció el hambre y las estrecheces desde niño. Nació en una familia humilde de Camas y comenzó a trabajar con apenas 12 años . Guardó vacas, ovejas y cochinos en el cortijo de Gambogaz por siete pesetas y media al día. Unas condiciones que obligaron al camero a madurar demasiado pronto. En esta infancia marcada por la necesidad, Curro aprendió a perseverar. Aquella infancia en la Sevilla de la posguerra ayuda a entender la grandeza de su aforismo. Y es que el hambre es un estímulo primario que hace al ser humano actuar por impulsos. Comer despacio , por contra, exige contener, frenar, dominar, templar esos impulsos. Esta filosofía es fácilmente trasladable al mundo del toro. Primero, porque el torero debe dominar el miedo y los nervios que supone enfrentarse al astado. Y segundo, porque el arte del toreo nace de sus premisas más básicas: citar, parar, templar y mandar . Temple, temple y temple. La palabra que todo diestro ansía que se apodere de sus muñecas a la hora de recibir la embestida del toro. Curro Romero llevó esa idea de templanza y paciencia al ruedo. En una entrevista publicada en 2019 recordó su propia frase y respondió con otra sentencia todavía más reveladora: «Todo lo he hecho despacio en mi vida» . El Faraón de Camas dejaba claro que no hablaba solo de la comida. También describía una manera de afrontar el tiempo y de entender el toreo. Su concepto artístico rechazaba la obligación de hacer por hacer. Tanto es así, que al tomar la alternativa, Curro decidió que sus padres no volverían a trabajar. Solo cuando pudo cumplir esa promesa, el camero desechó todas sus aspiraciones económicas y se dedicó a torear por la emoción de hacer disfrutar al público con su temple. «Nunca me traicioné, no creo en la mentira. Prefería una bronca a hacer cosas que no sentía. Si yo engañase a la gente, no me quedaría dormido luego» , llegó a afirmar Curro Romero en ABC . Por eso, aquella frase sobre comer despacio cuando se tiene hambre puede leerse como una síntesis de la filosofía currista. El hambre representa el impulso; la pausa exige voluntad. Y entre ambos aparece una idea central en la trayectoria del Faraón: esperar sin renunciar a lo que se desea . Dicho de otro modo: temple. Hoy, la lentitud con la que Curro Romero entendía el toreo y la vida emerge como una forma de rebelarse ante una época que nos somete a la inmediatez de las redes sociales y las relaciones volátiles.