No intuye China en la inteligencia artificial (IA) el inminente apocalipsis para la raza humana sino un riesgo para su sacrosanta estabilidad social, intuye en las lejanas sugerencias de frenar el sector el espurio intento de embridar su desarrollo nacional y confía en que una legislación escrupulosa eliminará cualquier peligro. Xi Jinping y Donald Trump hablarán la semana próxima en Washington sobre el asunto de moda con la única certeza compartida de que no hay marcha atrás; para todo lo demás, el camino se antoja pedregoso.Seguir leyendo....