En este terrible y caluroso verano europeo se ha vuelto a hablar mucho de la crisis climática sin lograr gran cosa. También metrópolis como Madrid, París e incluso Berlín parecen haber finalmente descubierto su pecado original: selvas de hormigón y materiales que alimentan el calor, sin sombra suficiente para cobijar a sus habitantes de una amenaza que ya está aquí. Porque no es solo que haga calor; es que nuestros entornos urbanos fueron concebidos para un mundo que ya no existe y solo queda adaptarse. Seguir leyendo....