Durante décadas construimos robots para que resistieran golpes sin enterarse de que estaban dañados. Una nueva piel electrónica les permite detectar una herida, localizarla y reaccionar antes de que el problema vaya a más

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Una piel electrónica inspirada en el sistema nervioso permite que un robot distinga un toque de una presión peligrosa, retire la extremidad por reflejo y detecte exactamente dónde ha sufrido un daño.