Edición original: Batman: Cacophony 1-3 USA (DC Comics, 2008-2009)Edición España: Batman: Cacofonía (ECC,2016)Guion: Kevin Smith Dibujo: Walter Flanagan Entintado: Sandra HopeColor: Guy MajorTraducción: Felip Tobar PastorFormato: Cartoné · 144 páginas · 15,95 €De New Jersey a Gotham City«Sí, quiero matarte. ¿Y luego? Ambos seremos libres al fin»Todavía recuerdo la enorme sorpresa que supuso para mi persona ver en el cine Dogma, allá por el año 2000, y descubrir con ella la figura de su guionista y director, un cineasta llamado Kevin Smith surgido del circuito independiente con su modesta (y exitosa) ópera prima, aquella icónica Clerks hecha con cuatro duros, en blanco y negro, con la ayuda de sus amigos y mucho ingenio. Lo que se conoció como la Trilogía de New Jersey se completó con Mallrats y Persiguiendo a Amy, esta última la que sigue siendo, para el que esto firma, su mejor largometraje. Después de Jay o Bob el silencioso contraataca la carrera de Smith ha experimentado subidas y bajadas de todo tipo, intentando «madurar» (Jersey Girl) o subirse a las moda del humor del momento (¿Hacemos una porno?) para más tarde volver a su zona de confort no una (Clerks 2), sino dos veces (Jay y Bob: El reboot, Clerks 3), experimentar con el thriller o el terror en dos de sus propuestas más interesantes (Red State, Tusk) o tocar fondo en lo referente a su filmografía (Vaya par de polis, Yoga Hosers).Desde su primera película Smith dejaba patente ser un amante confeso del mundo de la viñeta y, en mayor o menor medida, toda su obra está repleta de referencias a cómics de desitinta ralea (principalmente el superheroico) y personajes icónicos del medio. Tanta era su pasión que no solo montó una tienda de cómics llamada Jay and Silent Bob’s Secret Stash en su Red Bank natal y regentada por sus amigos, sino que del día a día relacionado con dicho local la cadena de televisión por cable AMC estrenó un memorable reality show llamado Comic Book Men que duró la friolera de cinco temporadas. Por todo esto a nadie le sorprendió que Smith incursionara como guionista en el arte secuencial, primero con obras de su propia creación llevadas al papel y más tarde colaborando con DC Comics, Marvel Comics y otras editoriales con distintas obras, etapas y personajes.Debo admitir que siento debilidad por el Smith guionista de cómics y que, en mayor o menor medida, me gusta todo lo que he leído de su bibliografía diseñada bajo el amparo de las dos majors estadounidenses. Me encanta Daredevil: Diablo guardián, serie con la que rediseño su propia Born Again con el espectacular dibujo de Joe Quesada, disfruto notablemente con Spider-Man y la Gata Negra: El mal que hacen los hombres, pese al tosco cambio de rumbo que toma su recta final ayudado por unos geniales Terry y Rachel Dodson y adoro su extensa etapa con Green Arrow en la que Phil Hester nunca ha estado mejor a los lápices. En todos estos trabajos, además de labrarse mala fama en el medio por su tardanza con las fechas de entrega, demostraba unos conocimientos enciclopédicos sobre la psicología de los superhéroes y sus correspondiente galerías de villanos, construyendo guiones harto interesantes en los que brillaban los diálogos marca de la casa.De esta manera era lógico que también sintiera predilección por los dos arcos argumentales que escribió para el que es mi superhéroe favorito, ese Batman al que acometió con Cacofonía y Círculo sin fin, las dos obras que he elegido para participar en el Batman Day de Zona Negativa de este año. Cacofonía se publicó entre noviembre de 2008 y enero de 2009 en tres entregas contando con dibujo de Walter Flanagan, amigo cercano de Smith y encargado de su ya referenciada tienda de cómics, pero en este último repararemos un poco después, cuando abordemos el controvertido apartado artístico de la obra. El eje central de la trama es un villano llamado Onomatopeya creado por el mismo Smith y Phil Hester en la ya citada etapa de Green Arrow en la que ambos colaboraron, su primera aparición tuvo lugar en Green Arrow (vol. 3) #12 y aquí es recuperado para ejercer de principal némesis del caballero oscuro. En la historia participan también el Joker, Maxie Zeus y en un plano más secundario Deathstroke y Mr. Zasz, y esta narra cómo Onomatopeya asalta el Asilo Arkham para asesinar al alter ego mercenario de Floyfd Lawton y liberar al villano creado por Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson en 1940. Con este punto de partida Smith construye, acompañado por la ¿inestimable? ayuda de Walter Flanagan a los lápices, una historia de Batman bastante prototípica, pero por la que desfilan todas y cada una de las señas de identidad indivisibles al hombre murciélago, sus colaboradores y enemigos jurados, mientras el guionista va esparciendo varias de las señas de identidad que ha ido diseminando dentro y fuera del mundo del cine con un resultado bastante estimable, pero no exento de polémicas que dieron bastante que hablar en su momento a los seguidores más puristas de Bruce Wayne.Desde la primera página con las cuadros de diálogo hablando de los guardias despedidos del Asilo Arkham, Smith ya presume de un pulso de acero a la hora de construir un relato con personajes a los que conoce desde su infancia, pero con los que nunca había trabajado antes de su etapa en Green Arrow. La inclusión de un villano tan interesante y enigmático como Onomatopeya, suyas son algunas de las mejores páginas del cómic, no impide que el guionista ponga su atención en un Joker demencial con muchos apuntes de las encarnaciones ofrecidas por Grant Morrison tanto en Asilo Arkham como en Batman R,I.P. (esas turbias referencias sexuales) componiendo un clímax final que pareciera un homenaje doble al pasaje de Silencio en el que Gordon convence a Batman de no matar al Joker (pero con los roles cambiados) y al cierre de esa obra maestra llamada La broma asesina, que nos regalaron hace más de 30 años Alan Moore y Brian Bolland, con una reflexión sobre como héroe y villano están destinados a enfrentarse hasta que uno de los dos (o ambos) mueran en el proceso.La integridad de James Gordon, la sorna de Alfred, la determinación de Deathstroke, el salvajimso de Mr. Zasz o la inestabilidad mental de Maxie Zeus dan buena muestra, una vez más, de que Smith conoce el material previo y el currículum editorial de todos los roles que elige para configurar una miniserie de tres entregas que es consumida de manera dinámica sin dar tregua a un lector que cuando quiera darse cuenta habrá terminado el recorrido de la obra. Diálogos ingeniosos, una violencia del Joker que recuerda a las etapas más oscuras del personaje, y el desarrollo de un villano de nuevo cuño que pese a su mutismo (solo se comunica con onomatopeyas, como es lógico) se muestra letal, carismático y como una amenaza de proporciones más que considerables para Batman, hacen de Cacofonía una miniserie más que estimable que sin trascender en ningún sentido, ofrece lo que promete sin más aspavientes o innecesarias ínfulas de grandeza argumental o narrativa.En el prólogo que acompaña a varias de las ediciones recopilatorias de Cacofonía, Kevin Smith trata de convencer al lector de que el supuesto nepotismo que supone la elección de su íntimo amigo y compañero de batallas para ocuparse del dibujo de la obra no es tal, ya que es el mismo cineasta el que da gracias a su colaborador por descubrirle a Batman cuando ambos visitaban convenciones de cómics y tiendas de segunda mano cuando eran adolescentes. Pese a las buenas intenciones de Smith es un hecho que si no fuera una persona de su entorno cercano, Walter Flanagan no habría sido contratado por DC Comics, ya que su labor bascula entre la mediocridad y lo deficiente (sus problemas con la anatomía humana son más que evidentes), pese a algunos destellos de talento que serán acentuados (sin echar las campanas al vuelo) en Círculo sin fin. Por lo tanto, si el guion es el punto fuerte de Cacofonía, es evidente que la labor de Flanagan demerita notablemente el conjunto de la obra.En el ya mencionado prólogo Smith se despide afirmando que Cacofonía es «la segunda mejor historia de Batman que Walt y yo podíamos haber contado», ya que la primera sería la por aquel entonces todavía no editada Círculo sin fin (Widening Gyre) y, en esta ocasión, el director oriundo de New Jersey no mentía, como podremos ver a continuación. Terminando con Cacofonía, cómic que todavía no ha recuperado Panini Cómics, pero que fue publicado tanto por Planeta DeAgostini como por ECC, cuando ambas editoriales tenían los derechos de publicación de DC Comics, es una miniserie que merece la pena y que satisfará (sin exigir más que eso) tanto a los fans de Kevin Smith como a los de Batman que no se dejen llevar por ciertos prejuicios a la hora de desacralizar algunos aspectos de personajes que, no lo neguemos, nos han acompañado toda nuestra vida y por los que velamos para que nadie les arrebate la esencia que los han convertido en referentes de la cultura pop. En ese sentido la obra de la que hablaremos a continuación se metió en terrenos más pantananosos, si cabe.Batman: Círculo sin fin es una serie más que notable, un cariñoso tributo por parte de Kevin Smith y Walter Flanagan al mejor superhéroe de todos los tiempos (lo siento, Clark, así es la vida) y la confirmación de que el director de aquella Dogma que me lo descubrió es un magnífico guionista de cómics. Lástima que nos encontremos con una obra inacabada de la que llevamos más de dieciseis años esperamos ese volumen 2 que nunca sabremos si llegará a tomar forma. Por el camino nos quedamos con una historia adictiva, bien construida y, por qué no decirlo, controvertida que además nos ha regalado a un villano tan interesante como Onomatopeya, que ya ha dejado su huella dentro y fuera del noveno arte con sus apariciones en series como Batman: El cruzado enmascarado o Superman & Lois. Ojalá algún día Kevin Smith y, qué demonios, también Walter Flanagan decidan recuperarlo junto a Batman.↑Lo mejorEl guion de Kevin Smith, los diálogos y sus conocimientos sobre Batman y su microcosmos ficcional.Onomatopeya como villano.El perfil psicológico del Joker, pese a algunas licencias.↓Lo peorEl deficiente dibujo del enchufado Walter Flanagan, pese a algún pasaje memorable. Edición original: Batman: Widening Gyre 1-6 USA (DC Comics, 2009-2010)Edición España: Batman: Espiral interminable (ECC, 2016)Guion: Kevin Smith Dibujo: Walter Flanagan Entintado: Ary ThibertColor: Art LyonTraducción: Felip Tobar PastorFormato: Cartoné · 200 páginas · 18,95 €A la segunda va la vencida«Silver St. Cloud… te lo ruego… por favor, déjame ser tu esposo»Solo seis meses después del cierre de Batman: Cacofonía, DC Cómics publicaba el primer número de Círculo sin fin, Widening Gyre en su título original, esa prometida «primera mejor historia de Batman» que Kevin Smith y Walter Flanagan podían contar. Lo que en un inicio iba a ser una maxiserie de doce números finalmente quedó reducida a la mitad quedando su historia inconclusa y con un cliffhanger de vértigo, pero no adelantemos acontecimientos. El eje central de Círculo sin fin es el regreso de Silver St. Cloud, personaje creado por el guionista Steven Engleheart y el dibujante Walter Simonson en las páginas de Detective Comics #470, allá por el lejano 1977, y la reanudación de su relación sentimental con un Bruce Wayne que al caer rendido ante su antiguo interés amoroso y ser testigo de la llegada de un nuevo y prometedor vigilante, llamado Bafomet, a Gotham comienza plantearse un posible retiro, total o parcial, de su carrera superheróica.No mentía Kevin Smith cuando dijo en el prólogo de Cacofonía que aquella miniserie solo era un ensayo general para que él y Walter Flanagan tantearan el terreno con la intención de ofrecer una historia protagonizada por Batman notablemente más ambiciosa. Círculo sin fin es el homenaje de estos dos amigos de New Jersey a Batman y todo su universo convirtiendo esta media docena de números en un desfile de personajes, localizaciones y situaciones que encapsulan toda la esencia del caballero oscuro desde sus inicios hasta la actualidad. Como ya hiciera Jeph Loeb con Tim Sale en El largo Halloween/Victoria oscura y con Jim Lee en Silencio Círculo sin fin es un muestrario de casi todos los aliados y enemigos de Batman, lo que lo convierte en una obra más que aceptable para captar lectores neófitos que nunca hayan leído un cómic del hombre murciélago.Smith y Flanagan vuelven a presumir de unos reseñables conocimientos de Batman y su lore recuperando en divertidos flashbacks a variopintos villanos olvidados (algunos de ellos pertenecientes la edad de plata) como Barón Bltizkrieg, Calavera atómica, Cornelius Stirk o Edredón loco, que se codean con los mucho más reconocidos Joker, Mr. Frío, Etrigan, Deathstroke o Hiedra venenosa. La aparición de varios de estos roles secundarios no es arbitraria o gratuita, ya que al localizarlos en los recuerdos de Batman a lo largo de la narración ayuda a profundizar en la psique de Bruce Wayne y su relación con Dick Grayson, Tim Drake, Alfred Pennyworth o Selina Kyle, aunque con esta última encontramos una de las carencias a nivel de guion dentro de la obra. Mencionábamos en la reseña de Cacofonía que Smith es un profundo conocedor de los personajes de DC Comics con los que trabajo en estas dos cabeceras y en Círculo sin fin esta sensación se ve acentuada a la hora de esculpir el perfil psicológico de los mismos haciendo reconocibles a todos ellos como los iconos del medio que conocemos de siempre. Pero el retrato de Catwoman es muy deficiente, llegando a exponerla Smith de cara al lector como una mujer caprichosa y sin amor propio capaz de humillarse ante Batman al descubrir su inminente boda con Silver St. Cloud. Por suerte solo en eso quedan las carencias del guionista a la hora de poner su pluma a servicio de algunos de los más ilustres habitantes de Gotham.Ahora abordaremos la que para muchos es la mayor virtud de Círculo sin fin y para otros cuantos su más notoria flaqueza, Batman enamorado. Aunque no ha profundizado demasiado en ese terreno, Kevin Smith es un excelente escritor de relaciones sentimentales, lo dejó patente, sobre todo, en Persiguiendo a Amy y en varios de sus cómics. De hecho la estructura de Círculo sin fin recuerda mucho a la de Diablo guardián, con aquella última historia de amor entre Matt Murdock y Karen Page, por lo tanto un servidor se suma a los que piensan que algunos de los mejores pasajes de la obra que nos ocupan son los de Bruce Wayne disfrutando de su vida civil con Silver mientras reflexiona sobre colgar la capa y la capucha, algo que el personaje se ha planteado en más de una ocasión, incluso en las dos mejores películas protagonizadas por el personaje como son Batman: La máscara del fantasma y El caballero oscuro, pese a que hubo quien puso el grito en el cielo por ofrecer Smith una versión del protagonista tan sentimental.Si bien afirmamos de manera tajante que la labor de Walter Flanagan en Cacofonía era entre mediocre y deficiente es ineludible que hay una considerable mejoría de su trazo en Círculo sin fin. No neguemos lo evidente, siguen varias carencias y las clases de anatomía el amigo Walt seguramente se las saltaba para ir a comprar cómics con su amigo Kevin, pero sería de necios no admitir que en solo medio año sus lápices ganaron bastantes enteros y más en una obra que supone todo un reto por la interminable galería de coloridos villanos que pueblan sus páginas y mostrándose especialmente ducho a la hora de diseñar una encantadora Silver St. Cloud que convenza al lector de por qué Bruce Wayne ha caído rendido antes sus encantos. A reseñar el pasaje en Arkham con Hiedra venenosa y Etrigan, el mejor, a un nivel plástico, de la obra y con una estética y composición de página que recuerda a las de La cosa del pantano de Alan Moore, Stephen R. Bissette, John Totleben y Rick Veitch, que no es poca cosa.↑Lo mejorUna vez más, el guion de Smith, sus diálogos y esa historia de amor entre Bruce Wayne y Silver St. Cloud.La interminable galería de superhéroes y villanos que desfilan por la serie.Los esfuerzos por parte de Walter Flanagan para mejorar su trabajo con los lápices, algo que consigue en no pocas ocasiones.↓Lo peorLa descacterización de Catwoman y que Flanagan sigue sin estar a la altura, pese a sus esfuerzos.