Gómez del Pilar realizó en su primero una faena sin mucha trascendencia. Gran culpa la tuvo su ponente, falto de raza y codicia al que, bajando la mano, pudo argumentarle un toreo efectivo rematado con una serie de redondos invertidos dinos de elogio. Al cuarto, que resultó con mucho, el mejor de la tarde, que fue premiado en el arrastre con la vuelta al ruedo, lo recibió con una larga cambiada y, rodillas en tierra, toreando a placer, lo llevó prendido a la franela, por ambos pitones, con una destreza y pulcritud, que caló ampliamente en los tendidos. Todo ello, gracias a la simbiosis de toro y torero. Álvaro Lorenzo, en su primero uso el capote, a la verónica de... Ver Más