Llegar tarde a los sitios, más allá de ser una cuestionable costumbre, también puede ser una forma de disparar la adrenalina para aquellos que disfrutan con la tensión de apurar los minutos y funcionar al límite del reloj. Incluso puede considerarse una estrategia para generar voluntariamente incertidumbre en la persona que espera. De eso saben mucho en el ajedrez, donde es una rutina insospechadamente frecuente. Que se lo pregunten a Bobby Fischer... Seguir leyendo....