En el viejo mundo, Canadá era casi un apéndice económico y geopolítico de Estados Unidos. En el nuevo mundo, quiere ser un socio preferencial de la Unión Europea: casi un miembro más de los Veintisiete, aunque sin formalizar ese estatus por razones obvias. Desde hace algunos meses su primer ministro, el liberal Mark Carney, explora una suerte de encaje canadiense en Europa como una de las vías para reducir su interdependencia con Washington. Una respuesta a las agresivas políticas de Donald Trump, que no solo ha impuesto onerosos aranceles a Ottawa, sino que ha amenazado incluso con absorber el país. No estamos tratando de convertirnos en un miembro de la Unión Europea, dijo Carney el domingo. Lo que buscamos y empezamos a negociar es una alianza única con la UE. Compartimos los mismos valores, tenemos las mismas prioridades y contamos con fortalezas muy complementarias.Seguir leyendo....