La Luna pudo formarse en solo cinco horas tras el gran impacto, según simulaciones del Southwest Research Institute y la Universidad de Arizona

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Uno de los enigmas a los que más horas de investigación han dedicado los astrofísicos y miembros de la comunidad científica en general es el nacimiento del satélite que acompaña al planeta Tierra. La hipótesis que mayor aceptación ha recibido por parte de la comunidad académica es la que habla del Gran Impacto, el choque entre un cuerpo del tamaño de Marte conocido como Theia y una proto-Tierra hace 4.500 millones de años.De aquel evento surgieron nuestro planeta y la Luna, si bien el proceso de conformación del satélite todavía esconde secretos que los expertos tratan de resolver a través de diversos campos de estudio. Uno de ellos tiene que ver con la duración de su proceso de formación, un aspecto en el que los modelos computacionales más recientes se han convertido en la herramienta clave para romper con lo establecido hasta la fecha: la posibilidad de que la Luna se constituyese tal como la conocemos en un reducidísimo espacio de tiempo tras la colisión.Así se desprende de la investigación llevada a cabo por miembros del Southwest Research Institute y la Universidad de Arizona que ha visto la luz en The Astrophysical Journal Letters y de la que se ha hecho eco Scitech Daily. En ella se puede observar una diferencia sustancial con respecto a los trabajos previos en este campo. Las simulaciones clásicas asumían que la energía desprendida en el impacto habría derretido por completo ambos cuerpos, convirtiéndolos en fluidos incandescentes. Frente a ello, el nuevo modelo introduce el factor de la resistencia de los materiales en estado sólido y sus gradientes térmicos antes del choque, lo que otorga resultados que distan de lo visto hasta la fecha.Cálculo de creación dependiente del estado de los materiales y la temperatura Al tener en cuenta que la materia no se comportó como un líquido perfecto tras el impacto, los cálculos revelan que el material expulsado a la órbita no necesitó formar un extenso disco de escombros que tardara meses o años en condensarse. En su lugar, una fracción de roca y hierro pudo salir desprendida de forma directa y adquirir una órbita estable alrededor de la Tierra en apenas cinco horas.Una nueva perspectiva de estudio que explicó Adeene Denton, miembro del Southwest Research Institute y una de las responsables del estudio: "Cuando se simula la Tierra y la Luna como cuerpos en colisión con propiedades geológicas, cambia la forma en que la Luna se forma a partir de ese impacto; algo que antes considerábamos innecesario".Trabajos antiguos y paralelos en el origen de la investigaciónSe trata de un hallazgo reciente que, no obstante, encuentra su antecedente en un trabajo del año 2001 en el que participó Erik Asphaug, profesor del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona y coautor de esta nueva línea de ensayo. En esta revisión teórica también influyeron las investigaciones paralelas de Denton sobre la formación del sistema Plutón-Caronte, otro de los grandes enigmas que afrontan los astrofísicos respecto a la configuración de los cuerpos celestes y sus satélites.En este caso, la resistencia del material ha sido clave a la hora de cambiar el enfoque con los modelos computacionales actuales. La idea preconcebida de una formación a partir de un cinturón de material protolunar fruto de ese gran impacto deriva en un nuevo escenario al analizar el evento con modelos que tienen en cuenta que el evento pudo producir una masa sólida y directa que salió despedida del propio manto terrestre durante las primeras horas del choque y cuya formación final no dista de lo que acabó siendo la Luna, aspecto que también explica la cercanía en cuanto a composición de esta con respecto a la Tierra: Dependiendo de la temperatura de la Tierra y la Luna antes de la colisión, el impacto puede destruir a Theia y producir un enorme disco de escombros que eventualmente formará la Luna. Pero cuando utilizamos los mismos parámetros que en el modelo de impacto original —incluyendo estructuras de temperatura iguales dentro de ambos cuerpos—, en aproximadamente cinco horas, emergió una Luna intacta”Adeene Denton, miembro del Southwest Research Institute y coautora del estudio De este modo, la astrofísica no solo obtiene un marco teórico que resuelve la paradoja de la composición química idéntica entre la Tierra y su satélite. Además, redefine los márgenes temporales de la dinámica planetaria. Comprender que la solidez y la temperatura de los cuerpos involucrados en grandes colisiones pueden acelerar la formación de nuevos mundos marca un punto de inflexión para reconstruir la historia del sistema solar primitivo y analizar la evolución de otros sistemas extrasolares.