De vez en cuando Flick, el entrenador del Barça, se para, ensimismado, esté sentado o de pie, ante el campo o a solas, en la parte más recóndita de su asiento, y cierra los ojos. Luego, como si estuviera organizado por un resorte, se levanta y mira al horizonte, hasta que de pronto da una orden. Como si hubiera recibido él mismo un aviso del más allá que ordena el fútbol. Seguir leyendo....