Los chihuahuas son en parte coyotes: un estudio de Stanford descubre en su ADN una herencia salvaje que sobrevivió a la llegada de Colón

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A todo el mundo le ha sucedido eso de estar de paseo y cruzarse con alguien que lleva un chihuahua y ver cómo, de un momento a otro, ese pequeño cánido comienza a ladrar y a marcar su territorio con una furia inusitada y que nace de lo más profundo y minúsculo de su ser.Hay quien se extraña, sin cambiar el rumbo de su camino y considera que, tal vez, el perro le ha confundido con un malhechor o algo por el estilo. Sin embargo, ahora la ciencia parece haber dado con un rasgo genético que podría tener algo que ver con esa actitud desafiante y de tensión de los chihuahuas: la presencia de genes de coyote en su ADN.Esa reminiscencia genética es la que ha encontrado un equipo investigador de la Universidad de Stanford, que ha publicado un trabajo en la revista Nature Communications en el que se revela que los chihuahuas poseen material genético heredado del coyote silvestre o Canis latrans. A simple vista solo las orejas pueden llevar a un ligero parecido, pues tanto en tamaño como en morfología las diferencias son evidentes. Sin embargo, las coincidencias genéticas están presentes.El rastreo del genoma mediante software de código abierto Tras el aspecto dócil del chihuahua se encuentra presencia de coyote silvestre en su genoma - UnsplashAsí se desprende del estudio llevado a cabo con dos programas de análisis genómico de código abierto llamados Gnomix y Gnofix. Estos dos sistemas están ideados para encontrar semejanzas en la estructura del genoma de distintos ejemplares animales en lo que se conoce como inferencia de ascendencia local. Dichas herramientas informáticas se utilizaron para mapear fragmentos de cromosomas y localizar la firma del coyote dentro del mapa genómico de los chihuahuas. La ciencia se sirve del ADN para conocer mejor a los antepasados no solo humanos, también en el reino animal.El cruce de datos facilitado por estos programas arrojó una conclusión llamativa por las marcadas diferencias físicas que existen entre las especies relacionadas. Pese a ello, el resultado mostraba cómo coyotes y chihuahuas comparten múltiples segmentos de ADN, lo que señala a los primeros como antepasados antiguos de los perros más pequeños del mundo. Una hibridación que se remonta a la América precolombinaEl flujo genómico detectado en este ensayo no es fruto de un cruce reciente, sino más bien causa de una convivencia que requiere retroceder en el tiempo varios siglos, incluso previa a la llegada de Cristóbal Colón al continente americano. Antes de la aparición de los europeos, los ancestros de los chihuahuas y de otras razas autóctonas de México como los xoloitzcuintles compartían espacio y se cruzaban de forma ocasional con los coyotes que habitaban en la región. Aquellas hibridaciones puntuales dejaron una impronta biológica permanente en el linaje de estos pequeños caninos, que se ha conservado a lo largo de los siglos a pesar de la selección artificial posterior.La impronta del coyote en la conducta del chihuahuaLo que no puede determinar el estudio es qué rasgos específicos de los coyotes silvestres se manifiestan en los chihuahuas, pues el estudio genético no es capaz de inferir tales condiciones. Sin embargo, al observar con detalle a los pequeños caninos protagonistas de este estudio y su actitud desafiante y brava ante cualquier elemento, con sus aullidos característicos, no se hace tan complicado ver la relación de parentesco que apuntan las conclusiones del estudio de los investigadores de la Universidad de Stanford.Protección del territorio, vigilancia y personalidad son rasgos característicos de los chihuahuas que resulta natural reconocer en los coyotes silvestres, por lo que la huella genealógica se deja ver más allá del estudio que la confirma.